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Fidel Castro el envidioso


By Servando Gonzalez
Octubre 30, 2014

…no hay cosa que aflija más que ver rostros de envidiosos. Tienen el ojo encendido del sediento, y el color enfermizo de los enanos.
— José Martí

 

Mucho se ha escrito y se sigue escribiendo sobre el Fidel Castro marxista y comunista. Algunos pocos han mencionado el Fidel Castro fascista. La mayoría ignora el Fidel Castro católico y mucho menos el Fidel Castro franquista y luego humanista. Pero muy pocos han analizado el Fidel Castro envidioso, y eso es esencialmente lo que Fidel Castro es: un envidioso de marca mayor. Contrariamente a lo que piensan sus admiradores y sus criticos, lejos de haber sido motivado por la política o la ideología, la mayoría de las acciones de Fidel Castro han sido motivadas por la envidia. Los ejemplos abundan.

A mediados de los años 80 la economía cubana estaba en su estado normal desde que Castro usurpó el poder en 1959: un verdadero desastre. Lo único que funcionaba era el mercado negro. De modo que, para robar su parte del pastel Castro instituyó el mercado negro controlado por el gobierno: los mercaddos campesinos. Una nueva ley autorizó a los campesinos a vender su mercancía libremente, después de pagar altísimos impuestos al gobierno castrista.

No obstante, como prueba de que el capitalismo de libre empresa realmente funciona, a pesar de todas las limitaciones el sistema comenzó a funcionar. Los campesinos estaban contentos porque podían ganar su platica vendiendo su mercancía y el pueblo estaba más contento aún por tener la posibilidad de poder poner alguna comida en la mesa.

Pero el nuevo sistema funcionó tan bien que atizó la envidia de Castro. Testigos cercanos comentaron que Castro estaba muy molesto porque mucha gente estaba ganando buen dinero en los mercados campesinos que él mismo había autorizado pocos años antes para estimular la producción y reducir la escasez.

Según Castro, los cubanos se estaban llenando la barriga, pero se estaban corrompiendo con la ideología del capitalismo. De modo que, a fines de los 80, Castro detuvo la limitada liberalización de la economía pare evitar que los campesinos con su duro trabajo y los artesanos con su fértil imaginación se volvieran “demasiado ricos.”
Unas pocas semanas después de prohibir los mercados Castro también canceló la ley reciente que aprobaba la propiedad privada de las casas. Castro se quejó de que los propietarios se “estaban enriqueciendo” con la compra y venta de casas. En el próximo Congreso de su Partido “Comunista,” increpó a los delegados: “Nadie nace revolucionario. Tenemos que cultivar el sentimiento de vergüenza de las personas.”[1]

En 1993, la historia se repitió una vez más. Castro legalizó el dólar y permitió a la gente que abriera algunos negocios privados. De la noche a la mañana más de 5,000 paladares — pequeños restaurantes en casa privadas — florecieron en toda la Isla y se las arreglaron para servir un menú simple, pero variado. Algunos de los nuevos negocios comenzaron a ofrecer pizza (o al menos algo que se le parecía) y hasta emparedados de bisteck.

Por primera vez en la historia de Cuba desde que Castro tomó el poder, los cubanos pudieron disfrutar de una improvisada economía de mercado que competía con la ineficiente economía estatal. Los nuevos capitalistas estaban contentos, porque ganaban en un día más que otros ganaban en un mes trabajando para el gobierno, y la mayoría de los cubanos estaban contentos porque lograban obtener en el mercado libre los productos y servicios que el gobierno era incapaz de ofrecer. Pero en abril de 1994, Castro dio marcha atrás de nuevo y firmó un decreto que prohibía todo tipo de negocio privado.[2]

Los cubanos, que conocen bien a Castro, nunca creyeron las razones que éste alegó para prohibir primero los mercados campesinos y luego las empresas privadas. Pero nunca lograron dilucidar cuál había sido su verdadera motivación. Sin embargo, hay un incidente poco conocido que tal vez nos dé una clave acerca de la motivación real y oculta que impulsó a Castro a tomar tales medidas.

A mediados de los sesenta, el Canal 6 de la televisión cubana comenzó a transmitir un programa que pronto se convirtió en un éxito de audiencia: Los Galanes. El programa, enfocado directamente a una audiencia de mujeres jóvenes, consistía en entrevistas a los mejores y bien parecidos actores jóvenes de radio y televisión. La popularidad de estos actores aumentó enormemente. Las mujeres los acosaban en los estudios y en la calle.

Como Fidel Castro sólo se interesa por los juegos pelota de las Grandes Ligas, y no mira la televisión cubana, el programa continuó saliendo al aire por varios meses. Pero un día Castro se enteró por casualidad, hizo ciertas averiguaciones y le informaron de su éxito. Inmediatamente montó en furia y ordenó que cancelaran el programa. No se ofreció razón alguna por la cancelación, y sólo algunos altos ejecutivos de la estación de televisión se enteraron de que Castro personalmente la había ordenado.

Uno pudiera preguntarse, por qué Castro canceló el programa. Castro no es un hombre al que le atraen mucho las mujeres. Contrariamente a los campesinos y los comerciantes, esos actores no estaban ganando ningún dinero que los enriqueciera. Nadie podría haberlos acusado de que el capitalismo los estaba corrompiendo.

Sin proponérselo, los jóvenes actores se habían convertido en el foco de la atención pública. Las mujeres jóvenes los adoraban y el público en general los admiraba, y eso hizo que Castro se pusiera verde de envidia y ordenara cancelar el programa. En realidad, si uno trata de averiguar cuál es la verdadera motivación de las acciones al parecer inexplicables de Fidel Castro, la respuesta es bien simple: la envidia.[3]

La envidia en un sentimiento tan destructivo que la Iglesia Católica la incluye como no de los siete pecados capitales. La Iglesia define la envidia como una especie de “tristeza del alma como resultado de pensar que otro pueda ser mejor que uno mismo. Es como si el envidioso sufriera debido a la suerte o la fortuna de otros.[4]

Nada más cierto. El envidioso es peor que el ladrón. El ladrón es el que te roba tu Toyota viejo para venderlo y luego comprar drogas, alcohol o comida para sus hijos. El envidioso es el que pasa frente a tu casa manejando su Ferrari y para un momento para tirarle un ladrillo al parabrisas de tu Toyota para que no puedas disfrutarlo.

Eso fue exactamente lo que hizo Castro poco después de tomar el poder en 1959, cuando le quitó las propiedades a sus legítimos dueños y las dejó que se dilapidaran, sin sacarles provecho alguno. De modo que hubo mucho de cierto cuando Castro dijo “No me motiva el dinero. Las cosas materiales no me motivan.”[5] Lo único que parece motivarlo es el sufrimiento y la miseria ajena.

Aunque Castro ha logrado acumular una inmensa fortuna e innumerables propiedades, en realidad lo único que realmente disfruta es privar a otras personas de su dinero, de sus propiedades y de su felicidad. Una de las cosas que más lo enfurece es ver el éxito de otra persona. Como una Aglaura caribeña, el corazón de Fidel Castro siempre ha estado envenenado por la envidia. Fidel Castro nunca sonríe, excepto cuando ve la desgracia o la mala suerte de otros. Una de las pocas cosas de las que disfruta en la vida es herir, humillar y avergonzar a los que lo rodean.

La envidia es un sentimiento que puede ser dirigido no sólo a otras personas, sino también a otros países u otras culturas. Es por eso que Castro siempre envidió a los norteamericanos. En el caso de Fidel Castro, la envidia se sumó a su mente retorcida, y esta combinación resultó ser sumamente peligrosa y letal. Luis Conte Agüero, quien fuera uno de los mejores amigos de Castro, comentó que Fidel Castro siempre tuvo un gran resentimiento contra las personas que sospechaba eran más felices que él.[6]

La anécdota de Los galanes que mencioné más arriba no es un caso aislado, sino una característica del comportamiento de Fidel Castro. El 30 de mayo de 1959, tan sólo unas semanas después de haberse apoderado del poder en Cuba, el gobierno de Castro anunció un nuevo impuesto de un 40 por ciento a artículos tales como refrigeradores, radios, perfumes, automóviles y yates.

Más increíble aún fue un nuevo impuesto a las noticias de la crónica social. Según la nueva ley, cualquier persona mencionada en la crónica social debía pagar $1.00 por cada adjetivo que se usara. Cualquier mención de un título honorífico le constaría a la persona $100.00, y cada pulgada columnar de una foto costaría $5.00 de impuesto por persona y $10.00 por foto de grupo.

Por esa fecha los cubanos todavía conservaban su sentido del humor, y la reacción popular a la ley fue de risa y chacota. Todavía había una prensa libre en Cuba, que ridiculizó tanto la ley al punto que pronto fue olvidada. Luego se supo que el autor de esa ley tan disparatada había sido el propio Castro.

Lo que sabemos sobre la conducta de Fidel Castro indica que muchas de sus acciones aparentemente inexplicables — su desprecio por personas en posiciones de poder, su odio por la gente económicamente solvente, su disgusto ante el éxito de otros — han sido motivadas por la envidia. Por supuesto, que uno pudiera preguntarse si Castro so volvió comunista (o fascista) porque era un envidioso, o se volvió envidioso porque era comunista (o fascista), pero eso sería como preguntarse que surgió primero, el huevo o la gallina

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Notas:


1. Joseph Treaster, “To Cure ‘Capitalist Vice,’ Cuba Applies Austerity”, The International Herald Tribune, febrero 9, 1987, pp. 13, 17.
2. Marc Cooper, “For Sale: Used Marxism,” Harper’s, marzo 1995, p. 65.]]]
3. Dos años después de que analicé el tema de Castro y la envidia en mi libro The Secret Fidel Castro, hallé un articulo de Carlos Alberto Montaner en el que había llegado a una conclusión similar: Ver “Castro y la medalla de la envidia,” El Nuevo Herald, agosto 8, 1999.
4. Leo J. Trese, The Faith Explained (Manila: Sinag-Tala Publishers, 1983), p. 60.
5. “Money does not motivate me; material good does not motivate me.” “Playboy Interview: Fidel Castro,” Playboy, agosto, 1985.
6. Luis Conte Agüero, Fidel Castro: Psiquiatría y política (México: Editorial Jus, 1968), p. 15.

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Servando Gonzalez, is a Cuban-born American writer, historian, semiologist and intelligence analyst. He has written books, essays and articles on Latin American history, intelligence, espionage, and semiotics. Servando is the author of Historia herética de la revolución fidelista, Observando, The Secret Fidel Castro: Deconstructing the Symbol, The Nuclear Deception: Nikita Khrushchev and the Cuban Missile Crisis and La madre de todas las conspiraciones: Una novela de ideas subversivas, all available at Amazon.com.

He also hosted the documentaries Treason in America: The Council on Foreign Relations and Partners in Treason: The CFR-CIA-Castro Connection, produced by Xzault Media Group of San Leandro, California, both available at the author's site at http://www.servandogonzalez.org.

His book, Psychological Warfare and the New World Order: The Secret War Against the American People is available at Amazon.com. Or download a .pdf copy of the book you can read on your computer, iPad, Nook, Kindle or any other tablet. His book, OBAMANIA: The New Puppet and His Masters, is available at Amazon.com. Servando's book (in Spanish) La CIA, Fidel Castro, el Bogotazo y el Nuevo Orden Mundial, appeared last year, and is available at Amazon.com and other bookstores online.

His most recent book, I Dare Call It treason: The Council on Foreign Relations and the Betrayal of the America, juste appeared and is available at Amazon.com and other bookstores online.

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