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Cuba: del éxodo del Mariel al éxodo de la Mariela

By Servando Gonzalez
Marzo 26, 2015

En 1980 cerca de 125,00 cubanos escaparon de la Isla esclavizada en uno de los mayores éxodos masivos de la historia moderna, que luego dio en llamarse el éxodo del Mariel.[1] Debido al hostigamiento y la persecución a los homosexuales afeminados en la Cuba de Castro, alrededor del 20,000 de los que escaparon eran homosexuales. Paradójicamente, los poderosos grupos gays en los EE.UU., que no ocultaban su simpatía por el castrismo, les viraron la espalda a los recién llegados.

Sorpresivamente, después de una campaña pro-gay llevada a cabo desde hace unos años en Cuba y los EE.UU. por Mariela Castro, hija del gay Raúl Castro, y con pleno apoyo de los conspiradores globalistas del Consejo de Relaciones Exteriores y de los grupos gay norteamericanos, Cuba se ha transformado de la noche a la mañana en un paraíso gay. Si uno cree la propaganda castrista, los únicos que ahora al parecer disfrutan de libertad en Cuba son los gays.

El hecho tal vez explique el por qué muchos de los homosexuales que escaparon de Cuba en 1980 ahora están visitando frecuentemente la Isla esclava para disfrutar del nuevo paraíso gay caribeño en un éxodo en reversa que he dado en llamar el éxodo de la Mariela. Ahora bien, para que mis lectores puedan entender a cabalidad el resto de este artículo es necesario aclarar un concepto erróneo: gay y homosexual no son sinónimos.

Aunque hoy día la mayoría de la gente emplea indistintamente los términos “gay” y “homosexual”, en realidad estos términos no son sinónimos, y denotan dos cosas muy diferentes. Esta confusión no es producto del azar o la casualidad, sino de una campaña de desinformación cuidadosamente creada por el movimiento gay norteamericano y sus poderosos promotores secretos, quienes los usan como una cortina de humo para ocultar su verdadera naturaleza. Pero gay y homosexual no son sinónimos. De hecho, los términos denotan dos fenómenos bien diferentes, y la distinción no es puramente lingüística.

Un homosexual es una persona que tiene relaciones sexuales con personas de su mismo sexo. El término gay, por el contrario, denota un homosexual militante, miembro de una organización de acción, enfrascado en actividades revolucionarias para hacer avanzar una agenda particular en la esfera de lo político y lo social, cuyo objetivo final es tomar el control del aparato del estado por medios revolucionarios violentos de tipo comunista o fascista y luego llevar a cabo un cambio radical de la sociedad.

La diferencia entre un homosexual y un gay es similar a la que existe entre un vegetariano y un “vegan”. Un vegetariano es una persona que, por razones de salud o gusto, prefiere comer solamente vegetales. Un vegan es una persona que, por el hecho de comer solamente vegetales, se siente intelectualmente superior a los que no son como él, los critica abiertamente y, si tuviera poder, prohibiría el consumo de carne. O sea, un vegan es un vegetariano con una agenda política.

La más reciente prueba de que homosexual y gay son dos cosas diferentes se ha evidenciado en la polémica entre Elton John y los diseñadores de modas italianos Domenico Dolce y Stefano Gabanna, cuando estos últimos manifestaron su punto de vista de que apoyan la familia y no creen en el matrimonio gay. Acto seguido, el gay militante Elton John los atacó duramente en la prensa oficialista pro-gay.

Pero el caso no es único. Camille Paglia, una famosa escritora y periodista lesbiana que no es gay, siempre ha sido atacada por miembros del movimiento gay por sus críticas. Esto se evidenció cuando Paglia escribió un artículo en el que puso al descubierto que los que asesinaron al homosexual afeminado Matthew Shepard eran gays machos.[2]
Evidentemente, homosexual es un término social, en tanto que gay es un concepto político. Por consiguiente, un gay equivale a un homosexual politizado militante que activamene promueve la agenda gay.

La distinción entre estos dos tipos de homosexuales no es nueva. En un libro publicado en 1945, el autor alemán Samuel Igra los llama “homosexualistas” y, más recientemente, Judith Reisman los llama “homosexistas”, para distinguirlos de los homosexuales.[3] En realidad, el término apropiado no es “homosexualista” ni “homosexista”, sino “gay”, pues el concepto “gay” conlleva todos los elementos que Igra y Reissman les atribuyen.

El núcleo de los hombres que se llaman a sí mismos “gays” pertenece al tipo de homosexuales machos viriles. Para este tipo de gays machos, los muchachos jóvenes y atractivos constituyen la opción sexual más deseable, en tanto que los homosexuales afeminados, los hombres heterosexuales, y las mujeres femeninas, son consideradas en ese orden como progresivamente inferiores. Los gays se ven a si mismos como más masculinos que los propios hombres heterosexuales.

Aunque el homosexualismo es tan viejo como el propio ser humano — referencias al homosexualismo masculino aparecen en la Biblia y otras obras de la más remota antigüedad — el gay surge en Esparta. Es allí donde una casta militarista de super-machos toma el poder político y organiza toda la vida ciudadana acorde con su ideología de machismo guerrerista militante.

Fidel Castro siempre ha demostrado su admiración por los guerreros gay espartanos. En una oportunidad le contó a su biógrafo Carlos Franqui cómo los jesuítas contribuyeron a formar su estilo de vida espartano.[4] Su admiración por los guerreros gay espartanos lo confirma el hecho de que desde muy joven adoptó el nombre de “Alejandro” — en honor al famoso guerrero gay Alejandro Magno — y que luego adoptó el pseudónimo “Alex” cuando lo reclutó la CIA en 1948.[5]

Paradójicamente, en las sociedades donde los gays han tomado el poder político, los primeros en sufrir la represión han sido los homosexuales afeminados. Esto sucedió en la Alemania Nazi, en la Cuba castrista, y estuvo a punto de suceder en Japón cuando Yukio Mishima y su ejército privado de gays trató de tomar el poder con un golpe de estado. Lo mismo sucederá en los Estados Unidos si los gays militantes finalmente logran tomar el poder tal como se lo proponen. Los campos de concentración ya existen, tan sólo queda recluir en ellos a los homosexuales y a otros sectores de la población.

No obstante, aunque la mayoría de los gays son homosexuales, no todos los homosexuales son necesariamente gays. En su acepción más amplia, el término gay denota todo tipo de personas, homosexuales o no, que, de una forma u otra, ya sea por convicción, oportunismo político o miedo, activamente apoyan la agenda política gay. El hecho de que la mayoría de los gays sean homosexuales no significa que los términos sean intercambiables.

Prueba de esto es que la conversión a gay no ocurre cuando una persona tiene por primera vez relaciones sexuales con alguien de su mismo sexo, sino cuando lo declara abiertamente en un acto político militante llamado “salir del closet”. Obviamente, “salir del closet” no es un acto sexual, sino político, que convierte a la persona en miembro de un movimiento político militante.

Alguien podría alegar que, contrariamente a lo que afirmo, los gays Nazis y castristas nunca salieron del closet. Pero las diferencias entre el modus operandi de los gays norteamericanos y el de los gays nazis y castristas es debido a que los norteamericanos todavía no han tomado el poder político. Por ejemplo, es imposible que los gays norteamericanos creen campos de concentración para “homosexuales y otros desviados”, incluyendo sus opositores políticos — tal como lo hicieron los gays castristas en Cuba y los gays Nazis en Alemania — sin haber ganado el control total de los medios represivos del aparato del estado. Pero no cabe duda de que están trabajando arduamente en esa dirección.

Aunque la mayoría de la gente usa los términos como sinónimos, la distinción entre gay y homosexual es de cardinal importancia para comprender la verdadera esencia del fenómeno gay. El movimiento gay norteamericano está consciente de esta diferencia, pero, para esconder sus fines ideológicos secretos detrás de una cortina de humo semántica, usa los términos como si fueran sinónimos.

Contrariamente a lo que afirman, el movimiento gay norteamericano está dominado en su mayoría por hombres “machos” blancos, anglo sajones de tipo “ario” y de clase media alta. Al igual que los gays castristas, la mayoría de los gays norteamericanos son profundamente racistas y visceralmente anti-homosexuales.

El hecho de que muchos homosexuales afeminados se hayan sumado al carro victorioso y ahora se llamen a sí mismos gays es el resultado de un imperialismo cultural de la peor especie. En realidad, el concepto gay es profundamente ajeno a la cultura y la idiosincrasia hispana, en particular la cubana. Mucho antes de que los gays aparecieran en San Francisco, La Habana pululaba de bares y clubes de homosexuales, los cuales vivían su vida sin que nadie los molestara y mucho menos los internara en campos de concentración.

Aunque existían casos de actitudes personales antihomosexuales, en la Cuba pre-Castro nunca hubo antihomosexualismo institucionalizado. Y la razón de esto es porque el homosexualismo en Cuba nunca fue politizado, en otras palabras, los homosexuales cubanos no eran gays.

Una vez que se entiende esta distinción cardinal entre gays y homosexuales, es relativamente fácil comprender la razón por la cual, al mismo tiempo que el gobierno de Castro acosaba, torturaba y asesinaba a los homosexuales y los internaba en campos de concentración, muchos gays norteamericanos se unieron a la Brigada Venceremos y viajaron a Cuba, so pretexto de cooperar con la cosecha de la caña de azúcar, pero en realidad para manifestar su total apoyo al régimen castrista.

Es interesante notar que, aunque el homosexualismo era un fenómeno común en la Cuba pre-Castro, el homosexualismo politizado, gay, no surge en la Isla hasta después que Castro toma el poder en 1959. esto se explica si analizamos quiénes formaron el núcleo primigenio castrista. Entre los que inicialmente se unieron al círculo interno de Castro en el M-26-7 estaban su hermano Raúl, Che Guevara, Jesús Montané, Alfredo Hart, Julio Martínez Páez, Melba Hernández y Celia Sánchez. Después que Castro tomó el poder en Cuba en 1959, Pastorita Núñez, Violeta Casals, Martha Rojas, Margot Machado, Angela Grau, Marta Frayde, Vicentina Antuña y Mirta Aguirre también se unieron al grupo que estrechamante colaboró con Castro.

La mayoría de estas personas que he mencionado más arriba eran gays machos y lesbianas machorras militantes. Reinaldo Arenas, un escritor cubano homosexual y anticastrista, escribió lo que tal vez sea el mejor análisis del núcleo gay castrista. Según Arenas,

“Una característica del castrismo es que castra psicológicamente a los hombres. El sistema caudillista cubano solamente admite dos tipos de hombres: los machos-machos, obviamente representados por el propio Castro, el único que habla, patea la tribuna, truena, y da órdenes, premios y cárcel. El otro tipo es el macho-hembra, o sea, el hombre que incondicionalmente obedece y admira al macho-macho. La admiración que los machos-hembras sienten por el macho-macho es tal que terminan por imitar su voz, su entonación, sus gestos y hasta la forma en que camina.”[6]

La distinción que hace Arenas entre los machos-machos y los machos-hembras es muy similar a la que hacen los gays norteamericanos entre butchs (machos-machos) y femmes (machos-hembras). En la cultura hispana el término que más se acerca al vocablo “butch”, que designa al guerrero gay, es bugarrón (o bujarrón). Los bugarrones no se consideran a sí mismos homosexuales. Según esta distinción, sólo el hombre que adopta el papel pasivo o femenino en el acto sexual es visto como homosexual. Siempre que un hombre mantenga su papel “masculino”, no será considerado homosexual. Pero es bien sabido que muchos bugarrones esconden su homosexualidad bajo un manto de hombría y virilidad.

Por alguna razón inexplicable esta admiración de los machos-hembra por los machos-machos no se reduce a la Cuba castrista, sino que también ha permeado algunas de las organizaciones anticastristas del exilio. Prueba de ello es la cantidad de machos-machos de la inteligencia castrista que han fácilmente logrado penetrar (si no física, al menos metafóricamente) las organizaciones anticastristas del exilio.[7]

Rodeado de gays por todas partes, el Supergay en Jefe siempre ha sentido un desprecio total por los homosexuales afeminados. Su peor insulto es llamarle “maricón” a alguien. Según el escribidor Norberto Fuentes, “el hombre es una maldita fábrica de decirle maricón a todo el mundo.”[8]

Norberto Fuentes narra como Castro usó varias veces a García Márquez como su enviado personal para decirle “maricón” a Felipe González, a Omar Torrijos, y a otros. [9] En otro de sus libros, Narcotráfico y tareas revolucionarias, el propio Fuentes narra como en una visita que Castro realizó a Rumania en 1972, le espetó a Ceaucescu, “Tú eres maricón,” y, dirigiéndose a su traductor le ordenó”: “ Díle que él es maricón. Traduce eso.”[10]

En el 2003, una broma radiofónica concebida y llevada a cabo por dos jóvenes locutores cubanos de la radio de Miami, reveló una faceta del tirano de Birán desconocida para la mayoría de los cubanos. Cuando, en el transcurso de la broma en la que, haciéndose pasar por Hugo Chávez, los bromistas le tomaron el pelo a Fidel, los locutores finalmente se decideron a levantar la paloma y le dijeron al tirano “Caíste igual que Hugo Chávez” (a quien unos meses antes le habían hecho la misma broma), un enfurecido Fidel Castro respondió: “¿En qué caí, maricón?, ¿En qué caí, mariconzón?”

La crueldad despiadada hacia sus opositores, una característica esencial de la revolución castrista, es el resultado directo de sus raíces gay homonazis.[11] La Cuba de Fidel Castro está llena de cárceles y campos de concentración, donde el trabajo forzado, la tortura física y mental, y los pelotones de fusilamiento, son parte de la rutina diaria del sadismo gay.[12] No es por casualidad que uno de los peores tipos de tortura en Cuba, las llamadas “celdas tapiadas”, especie de ataúdes de hormigón en las que los presos son forzados a mantenerse de pie en total oscuridad por varias semanas, fueron inventadas por los gays nazis de las SS en la prisión de Oranienburg, cerca de Berlín.

Lamentablemente, Almedros y Rodríguez-Leal, demostrando una increíble falta de honestidad intelectual, no aclararon en su documental Conducta Impropia que quienes hostigaban a los homosexuales afeminados y los internaban en las UMAPs no eran los viejos comunistas del PSP, sino los gays de la pandilla castrista, entre ellos Fidel y Raúl Castro, Che Guevara y el propio Alfredo Guevara. El único que tuvo la valentía de decirlo fue René Ariza, cuando, ya casi al final del documental, afirmó que en la Cuba de Castro las fronteras se tornaron borrosas, y muchas veces no se distinguía entre el perseguido y el perseguidor.[13]

Tampoco es producto de la casualidad que tres de los hechos más deleznables del sadismo gay castrista: el fusilamiento de 71 oficiales del ejército constitucional el 11 de enero de 1959 y su enterramiento en una fosa común, los fusilamientos masivos en La Cabaña, y la creación de las UMAPs en 1965, hayan sido llevados a cabo por dos de los más connotados gays castristas: Raúl Castro y el Che Guevara.

América Latina ha conocido dictaduras despiadadas y crueles. Pero nunca en la historia de esos países un gobierno ha instituído una persecución tan sistemática de sus ciudadanos, y en particular de los homosexuales, como la llevada a cabo por los machos-machos de la Cuba gay, homofascista, de Fidel Castro.

¿Por qué ahora ese cambio tan radical en Cuba? ¿Por qué el país que más hostigó y persiguió a los homosexuales se ha convertido de la noche a la mañana — si uno cree la propaganda castrista —en un verdadero paraíso gay? La respuesta es bien simple: porque el movimiento gay se ha convertido en una punta de lanza, un quinta columna al servicio de los conspiradores del Consejo de Relaciones Exteriores que luchan en las sombras por imponer el Nuevo Orden Mundial Gay.

Y, no lo duden. Si el Nuevo Orden Mundial Gay se llega a imponer en gran parte del planeta, los campos de concentración para homosexuales no tardarán en aparecer, inclusive en la Cuba castrista.

Notas:

1. Existe la posibilidad de que el éxodo del Mariel no haya sido un acto espontáneo, sino una operación de guerra psicológica cuidadosamente planeada y llevada a Cabo por el gobierno del Castro en complicidad con sus amos en el gobierno norteamericano. Ver, Liz Balmaseda, “Exile: I Was Mastermind of Mariel,” The Miami Herald, July 31, 1989.
2. Ver, Camille Paglia, “The dangers of the gay agenda,” Salon magazine, octubre 10, 1998,
http://www.salon.com/col/pagl/1998/10/28pagl.html. Sin embargo, en un acto de prestidigitación ideológica, los gays norteamericanos se las arregaron para que se aprobara una ley que defendía no a los homosexuales, sino a los asesinos gays.
3. Ver, Samuel Igra, Germany’s National Vice (London: Quality Press, 1945), y Judith Reisman, “ ‘Homosexists’: Fanatical Mysoginists”, WorldNetDaily, noviembre 5, 2010.
4. Carlos Franqui, Diary of the Cuban Revolution (New York: Viking, 1980), p. 8.
5. Ver, Ramón B. Conte, Historia oculta de los crímenes de Fidel Castro (autopublicado, n.p., 1995), pp. 15-30.
6. Reinaldo Arenas, Necesidad de Libertad (México, D.F., Editorial Kosmos, 1986), p. 218.
7. Un caso notable es el del macho-macho que se infiltró en Hermanos al Rescate. Pero ése no fue un caso aislado. Existen otros de cuyos nombres abstrusos no quiero ni acordarme.
8. Norberto Fuentes, Dulces guerreros cubanos (Barcelona: Seix Barral, 1999), p. 200.
9. Ibid., pp. 200-201.
10. Norberto Fuentes, Narcotráfico y tareas revolucionarias: El concepto cubano (Miami: Ediciones Universal, 2002), p. 86.
11. Sobre las raíces gay del movimineto Nazi, ver, Scott Lively y Kevin Abrams, The Pink Swastika: Homosexuality in the Nazi Party (Veritas Aeterna Press: Sacramento, California, 2002).
12. Para un análisis de un aspecto particular del sadismo castrista, véase, José Luis Fernández, “Cuba, centro masoquista mundial”, La Voz de Cuba Libre, 11 de Agosto del 2005.
13. Ver, Servando Gonzalez, “¿Quién persiguió a Muchilanga?,” Observando, Segunda edición (San Francisco: El Gato Tuerto, 1986), p. 76.

 

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Servando Gonzalez, is a Cuban-born American writer, historian, semiologist and intelligence analyst. He has written books, essays and articles on Latin American history, intelligence, espionage, and semiotics. Servando is the author of Historia herética de la revolución fidelista, Observando, The Secret Fidel Castro: Deconstructing the Symbol, The Nuclear Deception: Nikita Khrushchev and the Cuban Missile Crisis and La madre de todas las conspiraciones: Una novela de ideas subversivas, all available at Amazon.com.

He also hosted the documentaries Treason in America: The Council on Foreign Relations and Partners in Treason: The CFR-CIA-Castro Connection, produced by Xzault Media Group of San Leandro, California, both available at the author's site at http://www.servandogonzalez.org.

His book, Psychological Warfare and the New World Order: The Secret War Against the American People is available at Amazon.com. Or download a .pdf copy of the book you can read on your computer, iPad, Nook, Kindle or any other tablet. His book, OBAMANIA: The New Puppet and His Masters, is available at Amazon.com. Servando's book (in Spanish) La CIA, Fidel Castro, el Bogotazo y el Nuevo Orden Mundial, appeared last year, and is available at Amazon.com and other bookstores online.

His most recent book, I Dare Call It treason: The Council on Foreign Relations and the Betrayal of the America, juste appeared and is available at Amazon.com and other bookstores online.

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