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Playa Girón fue una traición (Primera Parte)

por Servando González
(05/02 /2013)

En una nota final a su artículo “En defensa de la verdad histórica” (Nuevo Acción, 13 de abril del 2013, http://www.nuevoaccion.com/) Diego Trinidad afirma tajantemente:

“En estos días podrán leer mucho sobre las traiciones y las conspiraciones alrededor de este desdichado episodio en nuestra historia. Hasta dos buenos amigos están tan convencidos de cómo la CIA (y/o Kennedy) “nos traicionó”, que no me ha quedado más remedio que tratar—una vez más—de esclarecer los hechos. Pero esto es casi imposible. Los que creen fervientemente que hubo una conspiración americana para que la invasión fracasara a propósito y que nos traicionaron para asegurar la permanencia de la revolución cubana, lo creen por cuestión de fe. Es decir, no aceptan evidencia que pruebe lo contrario, aunque esta sea—como es—abrumadora.”

No obstante, contrariamente a lo que Trinidad afirma en su artículo, la invasión de Bahía de Cochinos (o Playa Girón) no fue un fracaso, sino todo un éxito. Y fue un éxito debido a que los conspiradores que controlan el gobierno norteamericano la planearon y la llevaron a cabo de esa forma.

Por supuesto, que todo depende de la premisa de que se parte, que para el Sr., Trinidad parece ser la de que el objetivo de quienes planearon la invasión fue derrocar a Castro. Pero ese fue tan sólo el objetivo aparente. El objetivo real, secreto, de la invasión de Bahía de Cochinos fue consolidar a Castro en el poder, y eso se logró con creces.

Si alquien piensa que esto es un poco enrevesado, sólo basta recordarle que James Jesus Angleton, quien fuera jefe de contrainteligencia de la CIA por muchos años, lo llamaba así mismo: convoluted thinking, pensamiento enrevesado. Y, precisamente, como en el campo de la inteligencia y el espionaje — y también en el de la política —, las cosas rara vez son lo que parecen ser, sólo una lógica enrevesada conduce a la verdad o al menos nos acerca a ella.
Analicemos fríamente los hechos.

Antes de la invasión de Bahía de Cochinos, había en la Florida más de una docena de organizaciones anticastristas conspirando activamente para derrocar a Castro por la vía de las armas (que la historia ha demostrado con creces que es la única vía de combatir a Castro); varios grupos de guerrillas anticastristas se habán hecho fuertes en la Isla y controlaban gran parte de las montañas del Escambray, en la región central de Cuba; y un vigoroso movimiento clandestino anticastrista en las ciudades tenía en jaque al gobierno de Castro, mediante resistencia cívica, huelgas y sabotaje.

Entonces la CIA, so pretexto de una mejor coordinación, consolidó todas las organizaciones anticastrista de la Florida en una sóla, que ellos controlaban; le cortó la ayuda que le habían venido brindando, y prácticamente abandonó a su suerte a las guerrillas en el Escambray y, finalmente, dejó en el limbo al movimiento urbano sobre la invasión que estaban planeando. Fue entonces cuando ésta se produjo.

La invasión no fue una tragicomedia de errores y equivocaciones, como algunos alegan, sino un drama de aciertos y traiciones, pues todo salió tal y como lo habían planeado quienes en realidad controlan la política norteamericana tras bastidores.

Como se sabe, el punto inicial de la invasión en el plan militar original no era la Bahía de Cochinos sino Trinidad, una pequeña ciudad casi cien kilómetros al este de Bahía de Cochinos. Y Trinidad era el sitio ideal, pues está a menos de un kilómetro de una excelente playa, que iba a ser usada para el desembarco. Además, Trinidad no sólo está en las mismas faldas de las montañas del Escambray, lo que posibilitaba que, en caso de que algo saliera mal, los invasores podrían adentrarse en las montañas y comenzar una guerra de guerrillas, sino que los vecinos de Trinidad y los campesinos de la zona eran en su mayoría anticastristas, por lo que se estimaba que muchos de ellos se unirían a las tropas invasoras.

Pero, ya cuando los planes estaban bien adelantados y los invasores habían comenzado su entrenamiento en Nicaragua, de la noche a la mañana, Kennedy, siguiendo los consejos de sus asesores, cambió los planes, y éstos le sugirieron escoger Playa Girón en la Bahía de Cochinos como punto de desembarco. A diferencia de Trinidad, Bahía de Cochinos es una verdadera ratonera; un lugar aislado, rodeado por la Ciénaga de Zapata, y a más de 50 kilómetro de las faldas del Escambray. Allí vivían tan sólo varias decenas de campesinos, por lo que la posibilidad de un masivo apoyo a la invasión era imposible.

Otro de los “errores” garrafales fue que, ignorando la reciente experiencia militar norteamericana en ese tipo de operación durante la Segunda Guerra Mundial, el desembarco se efectuó de noche, lo que aumentó el caos y la confusión. Cuando las lanchas de desembarco se acercaron a la costa, descubrieron un peligroso arrecife, que destruyó los fondos e hizo naufragar a varias de ellas. En la investigación posterior se descubrió que el arrecife aparecía claramente en las fotos que habían tomado los U-2s, pero nadie le informó de esto a los invasores. Otro “error” trágico, contrario a toda lógica miliar, fue que la mayor parte de las municiones y los equipos de comunicaciones los trasportaban en un sólo buque, el Houston. Al parecer alguien se lo había informado a Castro, porque ese fue precisamente el buque que ordenó a sus pilotos hundir a toda costa. Cuando el Houston se hundió, los invasores se quedaron sin municiones y sin comunicaciones.

Obviamente, la guerra es un hecho caótico, y los planes de una parte, por muy bien calculados que hayan sido, chocan con los planes de la otra parte. De modo que es muy fácil, a posteriori, echarle la culpa a la ineficiencia del ejército perdedor, cuando, en realidad, la derrota tal vez pueda haber ocurido debido a la eficiencia del ejército ganador. Pero, en el caso de Bahía de Cochinos, los “errores” cometidos fueron tantos que indican un esfuerzo consciente para que la invasión fracasara.

Por ejemplo, una parte esencial del plan era destruir los aviones de Castro antes del comienzo de la invasión, de modo que los aviones de la fuerza invasora, que no eran aviones de caza, sino bombarderos ligeros, controlaran el espacio aéreo. Pero el primer “error” fue comenzar el ataque aéreo 24 horas antes de la invasión, lo que eliminó el importante elemento de sorpresa. Además, aunque se sabía que todos los aviones de Castro no habían sido destruídos en los primeros ataques aéreos, Kennedy, también siguiendo los consejos de sus asesores, volvió a cambiar el plan, y prohibió que se efectuara el resto de los ataques. Esto le dio el control aéreo a Castro, lo que constituyó una ventaja decisiva. Ése fue el puntillazo final que dio al traste con la invasión.

Además, aunque se ha negado, parece que, tras bastidores, los oficiales de la CIA que organizaron la invasión habían dado a entender que, en caso de que todo saliese mal, los aviones de combate norteamericanos entrarían en acción y, posiblemente, los Marines desembarcarían para ayudar a los invasores. Pero, cuando la cosas comenzaron a salir mal, Kennedy, también siguiendo los consejos de sus asesores, los dejó en la estacada y ordenó que los aviones norteamericanos no les dieran apoyo. Un tripulante de un portaviones norteamericano que estaba a pocas millas de la costa, luego contó que los pilotos estaban tan furiosos que casi se amotinan cuando vieron como a los invasores los masacraban y a ellos se les prohibía volar para darles ayuda.

Así que la CIA, siguiendo órdenes superiores, primero consolidó todos los grupos castristas en uno sólo, y luego lo decapitó de un sólo golpe. Por su parte, Castro aprovechó la invasión como pretexto para desatar una violenta represión contra los grupos de resistencia urbana, y los eliminó por completo. Y, después que la CIA dejó de enviarles armas y municiones, Castro lanzó una gigantesca ofensiva militar contra los grupos guerrilleros del Escambray, que aniquiló poco después.

Pero la colaboración de la CIA y sus amos con Castro no comenzó con Bahía de Cochinos. Ésta se remonta a los días de su estancia en la Sierra Maestra. En su babosa biografía de Castro, Tad Szulc menciona como la CIA contribuyó secretamente con armas, municiones y dinero. Esto aclara por fin el misterio de la fuente casi inagotable de dinero con que contaba Castro para comprar a los oficiales del ejército de Batista para que no lucharan. Contrariamente al mito oficial, las fuerzas de Castro no ganaron las batallas con balas, sino con dólares.

De modo que, como dije inicialmente, lejos de ser una fracaso, la invasión de Bahía de Cochinos fue un rotundo éxito, pues logró con creces el objetivo secreto que se proponía, que era consolidar a Castro en el poder. ¿Con qué propósito? Con el propósito de dorarle la píldora a los soviéticos, para que se tragaran a Fidel Castro.

Poco después de que tomó el poder en Cuba, Castro dio varios pasos en secreto para acercarse a los sovieticos, pero estos no lo reciprocaron. El motivo de esta falta de interés fue que los soviéticos tenían serias dudas sobre la bona fides de Fidel Castro.

Bona fides es un término tomado del latín, que se usa convencionalmente en inteligencia y espionaje. Cuando un oficial de inteligencia recluta a un nuevo agente, o cuando un oficial de la inteligncia opositora se ofrece a colaborar con el enemigo, lo primero que se hace es verificar su bona fides, es decir, su buena fé, y comprobar que el agente potencial es lo que dice ser y no es un traidor que se quiere infiltrar.

Pero comprobar la bona fides de un agente no es cosa fácil. En el caso de Castro, inicialmente los soviéticos no confiaban en él. Sergio Jrushchov, un hijo del Premier soviético Nikita Jrushchov que ahora vive en los estados Unidos, escribió un libro sobre su padre en el que cuenta como cierta vez, al comienzo del insistente e inesperado acercamiento de Castro a los rusos, oyó a Nikita comentar con otros miembros del Politburó que sospechaban que Castro era en realidad un agente de la CIA.

Sin olvidar que los líderes soviéticos siempre fueron paranoicos, en el sentido de que veían enemigos por todas partes, es bueno recordar que en el campo de la inteligencia, y particularmente en el campo de la contrainteligencia, una buena dosis de paranoia es condición imprescindible de la profesión. Es por eso que el propósito secreto de Bahía de Cochinos fue dorarle la píldora a los rusos para que se tragaran a Castro. Y vaya si se lo tragaron. Aunque muy pronto lo lamentaron, porque Castro se le atora a todo el que se lo traga.

Much gente aún piensa que fueron los errores de los norteamericanos los que empujaron a Castro en brazos de los rusos — el propio Kennedy así lo pensaba. Todavía se siguen escribiendo libros y artículos sobre el tema, y todos sustentan esa misma tesis.

Es cierto que los norteamericanos lanzaron a Castro en brazos de Moscú, pero no debido a “errores” ni cosa por el estilo, sino siguiendo un plan perfectamente calculado. La prueba está en dos documentos muy reveladores que fueron dados a conocer hace unos años.

Estos documentos son dos cables secretos enviados por el embajador británico en Washington a su gobierno. En uno de éstos, fechado el 24 de noviembre de 1959, el embajador le informa a su gobierno de las presiones de Allen Dulles, director de la CIA y miembro importante de la camarilla de conspiradores que controla el gobierno invisible norteamericano, para que Gran Bretaña no le vendiera aviones de combate a Castro, y éste se viera forzado a adquirirlos en el bloque soviético. Pocos días antes, el 29 de octubre de 1959, el embajador había enviado otro cable en el que informaba a su gobierno sobre las amenazas de Castro de que si los británicos no le vendían los aviones “él los compraría tras la cortina de hierro”. No me cabe duda de que Angleton habría visto esta misteriorsa coordinación Castro-Dulles como extremadamente sospechosa.

Obviamente, la inesperada “victoria” de Castro en Bahía de Cochinos, aunque decisisva, no fue el único elemento que convenció a los sovieticos de la legitimidad de Fidel Castro. El proceso había comenzado varios años antes, cuando los mismos intereses que controlan la CIA enviaron a su agente Herbert Matthews a la Sierra Maestra a entrevistar a Castro. Las entrevistas de Matthews, en las que pintaba a Castro como a un Robin Hood caribeño de la talla de Bolívar, fueron publicadas en el entonces prestigioso (ahora ya se sabe que el adjetivo que mejor lo califica no es prestigioso sino mentiroso) New York Times.

Esto fue parte de un procedimiento conocido en el argot de la CIA como sheep diping (un baño de insecticida en el que se sumerjen las ovejas para matarle las garrapatas), que consiste en crearle una personalidad falsa a un individuo con el fin de infiltrarlo en una organización opositora. En el caso de Fidel Castro, el sheep diping funcionó a la perfección. En pocos meses, gracias a los buenos esfuerzos del New York Times y de otros medios controlados por quienes deseaban infiltrar a Castro en el campo soviético, un gangster de pacotilla, pro-fascista y reaccionario, a quien los comunistas cubanos detestaban, se convirtió por arte de magia en un líder democrático, revolucionario y de ideas socialistas, que rápidamente se autotransmutó en “comunista”.

El proceso de sheep dipping de Fidel Castro culminó felizmente con la invasión de Bahía de Cochinos. Después de la “victoria” de Castro en Bahía de Cochinos ni siquiera el más paranoico de los lîderes soviéticos tuvo ya dudas sobre la bona fides de Fidel — un tremendo error del que poco más tarde se arrepintió Nikita Khrushchev. Esto fue el verdadero origen de la crisis de los cohetes de 1962. Pero eso es parte de otra historia mucho más larga y enrevesada.

En su largo artículo, Diego Trinidad le achaca el “fracaso” de la invasión al Presidente Kennedy. Pero la mayoría de los estudios sobre la invasión de Bahía de Cochinos evidencia que Kennedy tan sólo siguó los consejos de sus asesores. ¿Quiénes eran estos asesores?

Diego Trinidad menciona una y otra vez las siguientes personas que tuvieron un papel importante en asesorar al Presidente Kennedy para que las cosas ocurrieran como luego ocurrieron: Richard Bissell, Allen Dulles, Dean Acheson, Robert McNamara, Dean Rusk, Lyman Lemnitzer, McGeorge Bundy, Adlai Stevenson y Adolf Berle. Sin embargo, Trinidad no menciona el hilo conductor secreto que unía a todos esos individuos: todos ellos eran miembros del Consejo de Relaciones Exteriores (Council on Foreign Relations, CFR). Nada de lo que hicieron estos individuos fue a motu propio, sino en perfecta coordinación, siguiendo las órdenes de sus amos en el CFR.

Como miembros del CFR, la mayoría de estos asesores detestaba al Presidente Kennedy, quien no era miembro del CFR, e hicieron todo lo posible por crearle problemas. La guerra sorda del CFR contra Kennedy ha sido ignorada por los investigadores. Tan sólo un libro, Battling Wall Street, de Donald Gibson, ha estudiado en detalle esta historia.

Uno de los resultados del desastre de Bahía de Cochinos fue que le abrió los ojos a Kennedy. Poco después despidió a Allen Dulles como director de la CIA y comezó a ignorar totalmente el Consejo de Seguridad Nacional controlado por el CFR. Pero lo que selló su destino fue cuando ordenó al Tesorero de la nación que imprimiera billetes de banco no autorizados por el Banco de la Reserva Federal. Muchos estudiosos han llegado a la conclusión que esto fue lo que le costó la vida. Todavía la tinta no se había secado del todo en los billetes cuando Johnson ordenó destruirlos. Por cierto, a pesar de que era el único que públicamente había amenazado de muerte a Kennedy, Castro es el único sospechoso que no se menciona en la mayoría de los libros que han estudiado el asesinato del presidente.

Muchos todavia ignoran, o se empeñan en ignorar que, desde comienzos del siglo XIX, el verdadero gobierno de los Estados Unidos no está en Washington D.C. sino en New York. Es desde la Harold Pratt House en Manhattan, sede del CFR, donde un pequeño grupo de banqueron internacionales, magnates petroleros y ejecutivos de corporaciones transnacionales, todos ellos miembros del CFR, mantienen el verdadero gobierno invisible de los EE.UU.

Fueron precisamente algunos miembros del CFR quienes, a través de la CIA que habían creado en 1947, reclutaron a Fidel Castro a comienzos del año 1948 y lo enviaron a Bogotá, Colombia, para que participara en el asesinato de Gaitán y los disturbios del Bogotazo
.
El Bogotazo fue una operación de guertra psicológica cuyo objetivo era atemorizar a los pueblos con el miedo al comunismo y calentar la Guerra Fría. La Guerra Fría, como todas las guerras que han fomentado, fue altamente beneficiosa para los banqueros de Wall Street, los magnates petroleros y los ejecutivos de las corporaciones transnacionales aglutinados en el CFR.

Fueron precisamente algunos miembros del Conseo de Relaciones Exteriores quienes ayudaron a Castro cuando estaba en la Sierra Maestra, suministrándole armas y dinero a través de la CIA. Fue un agente del CFR, Herbert Matthews quien publicó en el New York Times (miembro corporativo del CFR) una serie de artículos que lanzó a Castro al estrellato.

Fueron agentes del CFR en el Departamento de Estado los que apoyaban incondicionalmente a Castro. Fue el presidente Eisenhower, miembro del CFR, quien envió a su emisario William Pawley, íntimo amigo de Allen Dulles, a decirle a Batista que tenía que marcharse y dejar el camino libre para que Castro tomara el poder.

En su primera visita a los EE.UU. después de apoderarse del poder en Cuba, lo primero que hizo Castro fue visitar en secreto la sede del CFR, donde le agradeció a su buen amigo David Rockefeller, presidente del CFR, el haberle facilitado tomar en el poder en Cuba.

Y no cabe duda que Castro ha hecho un excelente trabajo en Cuba — al menos así lo piensan sus amos los Rockefellers y sus secuaces en el CFR.

En una Reunión en la Cumbre que se llevó a cabo en La Habana en abril del 2000, el Secretario General de la ONU (una organización creada y controlada por el CFR) Kofi Annan declaró que el régimen de Castro había creado un ejemplo del que todos podemos aprender y que “debía ser la envidia de otras naciones.”

En febrero de 2001, una delegación de alto nivel del Consejo de Relaciones Exteriores, dirigida por David Rockefeller, visitó Cuba y mantuvo una larga reunión con Castro. Después de la reunión, el presidente del CFR Peter Peterson elogió el “compromiso apasionado” de los líderes cubanos de ofrecer educación superior y altos niveles de salud pública a su pueblo. Luego añadió, “Creo que Cuba es uno de los países con mejor educación en todo el hemisferio”. Por supuesto, no es de extrañarse que los conspiradores del CFR, que han transformado las escuela públicas norteamericanas en centros de adoctrinamiento, vean con agrado que Castro haya hecho lo mismo en Cuba desde hace muchos años.

Y no hay duda de que los banqueros de Wall Street, los magnates petroleros, y los ejecutivos de transnacionales miembros del CFR están sumamente agradecidos de Fidel Castro.

Ejemplo de esto es un documento secreto creado por los conspiradores del CFR, el tristemente célebre NSC 200 (National Security Study Memorandum 200), atribuido al agente del CFR Henry Kissinger. Mantenido en secreto por muchos años, el NSC 200 delineaba una política genocida de eliminación de la población en el continente africano, para facilitar que los bancos, las compañías petroleras y las corporaciones transnacionales saquearan sus recursos naturales y los africanos no pudiesen explotarlos y disfrutarlos. Nada ejemplifica mejor la implementación del NSC 200 que la invasión castrista de Angola en el otoño de 1975.

En teoría, Castro ordenó la invasión de Angola para ayudar al líder nacionalista Agostinho Neto y evitar que las fuerzas apoyadas por el imperialismo se adueñaran del país. Pero, ¿cuál fue el resultado de la victoria de Castro en Angola?

Pocos meses después de que las tropas de Castro tomaron el control del país, Angola se convirtió en uno de los mayores socios comerciales de los Estados Unidos en África. Los bancos de Wall Street como el Chase Manhattan Bank, Bankers Trust, Citibank y Morgan Guaranty, dieron grandes préstamos a Angola. Los negocios de la General Motors, General Tire, Caterpillar, Boeing, IBM, NCR, Pfizer, Xerox y otras empresas estadounidenses, florecieron en el país. No es pura casuaidad que todos esos bancos y corporaciones fueran socios corporativos del CFR.

Pero hay más. Después que Castro tomó el control de Angola, el 95 por ciento de petróleo del país se exportaba a los países occidentales. Los soldados de Castro protegían las refinerías en Cabinda de los posibles ataques de “saboteadores” y Castro era pagado en dólares por sus servicios. La mitad de la producción del petróleo del Golfo de Angola terminaba en las refinerías de los EE.UU. El consorcio De Beers controlaba las minas de diamantes. Ese fue el resultado directo de la política “antiimperialista” y “anticolonialista” castrista en Angola.

Según Diego Trinidad, “los que creen fervientemente que hubo una conspiración americana para que la invasión fracasara a propósito y que nos traicionaron para asegurar la permanencia de la revolución cubana, lo creen por cuestión de fe.”

Como he explicado anteriormente, es evidente que hubo una conspiración para poner a Castro en el poder en Cuba, y continúa habiendo una conspiración para mantenerlo ahí por muchos años. Pero no fue una conspiración americana, sino una conspiración antinorteamericana, llevada a cabo por la organización más antinorteamericana de todo el planeta: el Consejo de Relaciones Exteriores. Esos son los mismos que han estado conspirando tras las espaldas del pueblo cubano y del pueblo norteamericano para mantener en Cuba el castrismo después de la muerte de Castro.

El plan para eternizar el castrismo en Cuba después de la muerte del tirano fue delineado con lujo de detalles en el 2001 en el documento U.S.-Cuban Relations in the 21st Century: A Follow-on on Chairman’s Report of an Independent task Force Sponsored by the Council on Foreign Relations. El informe es un intento tan evidente de consolidar y eternizar la tiranía castrista en Cuba que algunos de los participantes, como Mark Falcoff, Daniel W. Fisk, Susan Kaufman Purcell, Peter W. Rodman, Mark A. Thiessen y Micho Fernández Spring le hicieron severas críticas. Uno de ellos, María Werlau, al parecer se percató de que el documento no pasaba de ser una farsa para encubrir una componenda, y se negó a firmarlo.

Esos, los conspiradores del CFR en el gobierno invisible de los EE.UU. y no el pueblo norteamericano, son los que nos han traicionado.

Esos son los mismos que en estos momentos conspiran tras las spaldas del pueblo norteamericano para establecer lo que ellos llaman el “Nuevo Orden Mundial”, que parece ser una copia fiel del régimen que Castro tan exitosamente ha implantado en Cuba.

En su libro El arte de la guerra, unos de los mejores estudios sobre inteligencia y espionaje, Sun Tzu, un general chino que vivió hace 2,000 años escribió: “En la guerra todo se basa en el engaño”, y añadió, “Solo quien conoce su enemigo como a sí mismo ganará todas la batallas.”

Desafortunadamente, artículos como el del Sr. Diego Trinidad evidencian que algunos de los cubanos del exilio todavía no saben quién es su verdadero enemigo y se empecinan en vivir en el engaño — lo cual tal vez explica el por qué Fidel Castro todavía está en el poder en Cuba y ellos todavía están aquí.

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Playa Girón Fue Una Traición (Segunda Parte)

por Servando González
(05/08 /2013)

Siempre he creído que de la discusión sale la luz. Sin embargo, tengo que reconocer que estaba equivocado. Mi artículo “Playa Girón fue una traición” ha provocado una polémica que, lejos de ayudar a aclarar el problema, ha creado aún más confusión. En el más puro estilo totalitario castrista, quienes se creen poseedores de la verdad absoluta han tomado como una ofensa personal el que alguien disienta de ellos.

Tres personas han expresado su opinión en la que refutan lo que expuse en mi artículo: Diego Trinidad, Blas Casares y C. Badías. Voy a comenzar por contestar la carta del Sr. Badías, porque es la única que, en forma respetuosa y civilizada, ha tratado de refutar con argumentos lógicos mis teorías.

Según Badías, mi versión de los hechos no le es creible. “La "conspiración" es demasiado complicada. Tras 50 y pico de años no ha aparecido UNA sola prueba de la misma.” Pero Badías se equivoca. Las pruebas han aparecido, pero los conspiradores se las han arreglado para evitar que se divulguen.

Badías refuta mi aserción de que Castro ordenó específicamente hundir el Houston, porque había sido informado de que ese era el buque que trasportaba gran parte de las municiones y los equipos de comunicaciones. Según Badías, el hundimiento del Houston fue totalmente casual.

Y yo me pregunto, ¿Fue casual que, desde antes de la invasión, la CIA dejó de sumistrarle armas y municiones a las guerrillas en el Escambray? ¿Fue producto del azar que la CIA no le informara a los invasores sobre los arrecifes que luego destruyeron parte de sus lanchas de desembarco? ¿Fue producto de la casualidad que, sabiendo que era un ratonera, la CIA escogiera la Bahía dse Cochinos como punto del desembarco? ¿Fue pura casualidad que, contrariamente a toda la experiencia noreamericana el desembarco se produjo de noche? ¿Fue pura coincidencia que el bombardeo inical se produjera dos díans antes del desembarco? ? ¿Fue producto de la casualidad que, previo al ataque, la CIA aprehendió y mantuvo incomunicados en la base de Opa Locka a los dirigentes del exilio para que estos no alertaran a los grupos anticastristas en Cuba sobre la invasión?

Por cierto, que hace muy poco me enteré de que los líderes del exilio no fueron los únicos que la CIA detuvo y mantuvo incomunicados. Veáse el reciente artículo de Leropoldo Aguilera, “Girón fue una trampa para consolidar a Castro”, en el que menciona como un grupo de combatientes de la Brigada fue detenido a punta de fusil por agentes de la CIA y mantenido incomuunicado.

En inteligencia y espionaje hay un dicho revelador: “Para un miltar, la primera vez es concidencia, la segunda es casualidad y la tercera acción enemiga. Por el contrariio, para un oficial de inteligencia la primera vez ya es considerada acción enemiga.” Y realmente hubo demasiados “errores” en la operación de Bahía de Cochinos para que fueran producto de la casualidad. Como dijo Cervantes en El Quijote, “muchos pocos hacen un mucho.”
Ahora paso al artículo “Respuesta a Servando González” de Diego Trinidad.

Como sucede con quienes carecen de argumentos para refutar una teoría contraria, el Sr, Trinidad comienza con un argumento ad homine, o sea, un ataque personal. En su obcecación, Trinidad confiesa que, como no comparte mis teorías de que en Cuba nunca hubo ojivas nucleares soviéticas y de que Castro es un agente de la CIA (o de quienes crearon y controlan la CIA), nunca ha leído mis libros en que aporto las pruebas. O sea, que Trinidad, como es poseedor de la verada absoluta, es totalmente impermeable a todo lo que no le dé la razón.

Según Trinidad,

 

“Las teorías de conspiración de Servando González, por populares que puedan ser con algunos crédulos, no pueden ser probadas. Casi todo lo que asevera como cierto en su artículo, en realidad es falso. Pero repito, si su premisa, al revés de la mía, es que la invasión de Bahía de Cochinos fue diseñada por la CIA para que fracasara, con el propósito de consolidar el régimen castrista, entonces lo que sigue, aunque sea falso y aunque no lo pueda probar--es más aunque esté en contra de la realidad objetiva, quien quiera lo puede creer. Yo tengo la historia de mi parte. Pero aun así, hago esta pregunta: ¿QuoBono? Es una famosa frase en latín que quiere decir, ¿Quién se beneficia? Si Servando González puede demostrar cómo se benefició la CIA, y como se benefició Estados Unidos (recuérdese que la CIA es una agencia del gobierno de Estados Unidos) con que el régimen castrista se consolidara en el país y se garantizara su existencia por los próximos 52 años, que lo haga.”

Tal parece que el Sr. Trinidad tampoco se leyó mi artículo que tanto critica, porque en él explico en detalle que es evidente que hubo una conspiración para poner a Castro en el poder en Cuba, y continúa habiendo una conspiración para mantenerlo ahí por muchos años. Pero también aclaro muy bien que no es una conspiración americana, sino una conspiración antinorteamericana, llevada a cabo por la organización más antinorteamericana de todo el planeta: el Consejo de Relaciones Exteriores. Esos son los mismos que han estado conspirando tras las espaldas del pueblo cubano y del pueblo norteamericano para mantener en Cuba el castrismo después de la muerte de Castro.

En su artículo respuesta, Trinidad me reta: “Si Servando González puede demostrar cómo se benefició la CIA, y como se benefició Estados Unidos (recuérdese que la CIA es una agencia del gobierno de Estados Unidos) con que el régimen castrista se consolidara en el país y se garantizara su existencia por los próximos 52 años, que lo haga.”

Nuca he tratado de demostrar que la CIA o los EE.UU. se beneficiaron con el fracaso de la invasión porque, contrariamente a lo que afirma Trinidad, la CIA nunca ha sido una agencia del gobierno norteamericano -- al menos no de ese gobierno de pantalla en Washington D.C. La causa del error de Trinidad reside en que, para entender mejor la relación Castro-CIA hay que conocer mejor a esta última y, contrariamente a lo que piensa la mayoría de la gente, la CIA nunca ha sido una organización al servicio de los intereses del pueblo norteamericano, sino de los banqueros de Wall Street y los magnates petroleros que la crearon -- todos ellos aglutinados en una organización llamada Consejo de Relaciones Exteriores (Council on Foreign Relations, CFR). Esto explica el por qué los llamados “fracasos” de la CIA siempre han redundado en victorias para sus verdaderos amos.

En su babosa biografía de Castro, Tad Szulc menciona como la CIA contribuyó secretamente con armas, municiones y dinero. Esto aclara por fin el misterio de la fuente casi inagotable de dinero con que contaba Castro para comprar a los oficiales del ejército de Batista.

Cuando Castro estaba en la Sierra Maestra, la International Armaments Corporation (IAC) le suministró armas en varias ocasiones. Esta es la misma compañia que, siguiendo órdenes de la CIA le suministró las armas a los golpistas que derrocaron a Arbenz en Guatemala. Samuel Cummings, el dueño de la IAC, era un conocido operativo de la CIA.

Los oficiales de la CIA en la embajada norteamerican en La Habana eran tan pro-castristas, que el embajador Earl T. Smith solía preguntarle de vez en cuando al jefe de la estación de la CIA en la embajada si era fidelista. También Smith acusó al segundo jefe de la CIA en la embajada de haber incitado la rebelión anti Batista en Cienfuegos.
Pero la colaboración de la CIA con Castro no comenzó en la Siera Maestra ni con Bahía de Cochinos, sino mucho antes. A comienzos del año 1948 la CIA reclutó a Castro y lo envió a Bogotá, Colombia para que actuara como agente provocador y calentara la Guerra Fría. Aunque siempre tuve la sospecha de que Castro no era lo que decía ser — lo único que explica sus continuos éxitos — la confirmacion vino luego desde muy cerca: un miembro de la Brigada 2506.

En un libro que él mismo publicó en 1995, Historia oculta de los crímenes de Fidel Castro, Ramón B. Conte, un cubano que colaboraba con la CIA en actividades menores, menciona en detalle como el reclutamiento de Castro se llevó a cabo a comienzos del 1948 durante una reunión secreta que tuvo lugar en la residencia de Mario Lazo. Lazo era un abogado cubano educado en los Estados Unidos, que representaba los intereses de muchos negocios de norteamericanos en Cuba.

Conte y otro operativo de la CIA estaban en un auto estacionado en la calle frente a la casa de Lazo. Según Conte, ambos estaban armados y listos para intervenir en caso de que Castro, conocido por su exaltado temperamento y pasión por las armas de fuego, rechazara la oferta que le iban a hacer y se tornara violento.

Según afirma Conte, Castro llegó a la reunión acompañado de su amigo Rafael del Pino Siero, un colaborador de la CIA que había sido miembro del ejército norteamericano durante la Segunda Guerra Mundial. Entre los que asistieron a la reunión se hallaban el propio Lazo, los oficiales de la CIA Richard Salvatierra e Isabel Siero Pérez, el ex embajador de los E.U. en Cuba Willard Beaulac, así como otros dos norteamericanos que Conte tan sólo identifica como el Coronel Roberts y un oficial de la CIA sólo conocido como Mr. Davies.

Varios años después de que Conte publicó su libro, tuve la oportunidad de entrevistarlo por teléfono desde su casa en Miami. En la entrevista, Conte añadió a la lista de personas que asistió a la reunión un nombre importante que no había mencionado en su libro: William D. Pawley.

Cuando se llevó a cabo la reunión, Pawley, un hombre de negocios millonario y amigo cercano tanto del presidente Eisenhower como de Allen Dulles, era el embajador norteamericano en Brasil. Desde los tiempos de la Oficina de Servicios Especiales (OSS) durante la Segunda Guerra Mundial, Pawley había estado estrechamente ligado a los servicios de inteligencia norteamericanos. Uno de sus asociados, el Coronel J.C. King, llegó a ser Jefe de la División del Hemisferio Occidental de la CIA. Mas aún, Pawley era uno de los organizadores de la Novena Conferencia Interamericana de Cancilleres que iba a tener lugar en abril en Bogotá. Años más tarde Pawley tuvo un papel importante como enviado personal del presidente Eisenhower, en un intento de convencer a Batista de que abandonara el país voluntariamente y dejara el camino expedito para que Castro tomara el poder en Cuba en 1959.

Según Conte, una semana después de la reunión inicial, Castro y del Pino se reunieron de nuevo con el oficial de la CIA Richard Salvatierra, a quien se le había sido asignado la tarea de ser el controlador del recién reclutado nuevo agente Fidel Castro, el cual había adoptado el pseudónimo “Alejandro”. En esta segunda reunión, Salvatierra informó a Castro sobre su primera misión al servicio de la CIA (en realidad, al servicio de los conspiradores de Wall Street que crearon y controlan la CIA).

El hecho de que Fidel Castro siempre ha trabajado para la CIA es lo único que explica el hecho aparentmente inexplicable de que la CIA, que ha asesinado a innumerables líderes en el extranjero y en los Estado Unidos, nunca lograra asesinar a Castro. También explica el por qué, cuando algunos cubanos anticastristas quisieron asesinarlo “por la libre”, la CIA y el FBI hicieron todo lo posible por evitarlo.

Esto también explica el por qué, a comienzos noviembre de 1960, seis meses antes de la invasión, Castro y el comandante Félix Duque estuvieron todo un día inspeccionando cuidadosamente la Bahía de Cochinos y Playa Girón. El hecho es mencionado por Peter Wyden en su libro The Bay of Pigs (New York: Simon and Schuster, 199), p. 104. O sea, que mucho antes de “aconsejar” a Kennedy sobre el nuevo punto de desembarco, los agentes del CFR en la CIA ya se lo habían informado a su agente Alejandro para que estuviera bien preparado.

Por otra parte, no hay nada de qué asombrarse por el hecho de que la CIA y sus amos secretos hayan traicionado a los invasores de la Brigada 2506. ¿Acaso no traicionaron a Chiang kai-Shek para que Mao y los comunistas tomaran el poder en China? ¿Se olvidan de cuando traicionaron a los patriotas húngaros quee se rebelaron contra el yugo soviético? ¿O es que no recueran cuando, con la Operación Keelhaul, le devolvieron a Stalin los ciudadanos soviéticos que habían aprovechado la confusión de la guerra para escapar del comunismo?

En cuanto al desprecio que siente el Sr. Trinidad por quienes sustentan teorías conspiratorias, tan sólo lo remito al oportuno artículo de Eladio José Armesto, “¿Cómo es eso que no existen las conspiraciones?, también publicado en Nuevo Acción. Según afirma Armesto, el que niegue que las conspirciones existen “ … o es tremendo payaso, o busca intencionalmente desinformar, o sencillamente no está bien de la cabeza.” El Sr. Trinidad puede escoger la calificación que más se le ajuste.

Ahora me referiré a una carta que circuló el Sr. Blas Casares, quien alega que mi artículo “ está lleno de errores en cuanto al relato sobre la invasión y otras observaciones.” Sin embargo, el Sr. Casares tampoco se toma la molestia de aclarar cuáles son mis errores. Pero hay algo en la carta del Sr. Casares que me llamó la atención. Según él, “Aunque desconozco quien es este “buen señor”, si es cubano comunista o cubano exilado, pongo en tela de juicio su opinión pues no sabe lo que está diciendo y está mal informado.”

¿Así que el Sr. Casares no sabe si yo soy un cubano comunista? ¿Existe una posibilidad de que una persona que haya escrito un artículo como “Girón fue una traición” pueda ser un cubano comunista? ¿Dé dónde ha sacado el Sr. Casares tan descabellada idea?

Oh, ya sé.

El Sr. Casares piensa que yo debo ser comunista porque me he atrevido a criticar a la CIA que, como todos sabemos es una organización furibundamente anticomunista que siempre ha estado luchando contra el comunismo, bla, bla bla.

Lamento ser el portador de malas noticias para el Sr. Casares.

La CIA es una organización que sucedió a la OSS, la Oficina de Servicios Especiales creada durante la Segunda Guerra Mundial. Contrariameente al mito popular, la OSS nunca veló por los intereses de los EE.UU. sino de sus creadores, los banqueros de Wall Street que habían estado haciendo negocios con la Alemania Nazi y la Unión Soviética antes y durante la guerra. El general William Donovan, director de la OSS, y su mano derecha, Allen Dulles, eran abogados de Wall Street y velaban por esos intereses.

En Yalta, los traidores del CFR infiltrados en el gobierno norteamericano llegaron a un acuerdo con el comunista Stalin para que la Unión Soviética se apropiara de los países de Europa oriental. Siguiedo órdenes de sus amos, la OSS hizo todo lo posible por sabotear los esfuerzos de algunos de los oficiales norteamericanos por evitarlo. El caso más notable es el del General George S. Patton.

Al mando de su Tercer Ejército de tanques, Patton se abriío paso como una centella a través de Italia e iba derecho hacia Berlín. Si lo hubiese logrado, la guerra hubiera terminado un año antes de lo que terminó. Pero esto hubiese dado al traste con los planes de los conspiradoes del CFR de cederle Checoslovaquia, Polonia y parte de Alemania a Stalin. Por consiguiente, Eisenhower, Marshall, Donovan y otros agentes del CFR le cortaron las líneas de sumistro a Patton, y su Tercer Ejército se paralizó por falta de municiones y combustible.

Patton montó en cólera. Al finalizar la guerra comentó con algunos amigos que iba a mover cielo y tierra para investigar quiénes habían sido los traidores y por qué lo habían hecho. Conscientes del prestigio y la importancia de Patton, y el problema que les podía crear, los conspiradores del CFR decidieron asesinarlo. La orden la llevó a cabo la OSS de Donovan y Dulles. El asesinato de Patton por la OSS está explicado con lujo de detalles en el libro Target Patton de Robert Wilcox.

En 1942 J. Edgard Hoover, el director del FBI que no era miembro del CFR, comezó a acumular información sobre lo que él veía como un núcleo comunista en la OSS. Finalmente, Hoover le mostró a Donovan un dossier con las pruebas de que algunos de los oficiales de la OSS habían peleado con la Brigada Lincoln en la guerra civil española, y otros eran miembros activos del partido comunista norteamericano. Cuando Hoover le pidió a Donovan que los expulsara de la OSS, Donovan le respondió”: “Claro que son comunistas. Por eso mismo fue que los recluté.”

Al disolverse la OSS al final de la guerra, la mayoría de esos comunistas en la OSS pasaron a formar parte de la naciente CIA. Así que, Sr. Casares, si busca usted comunistas no tiene que ir muy lejos. Vaya a Langley, Virginia, y en la CIA los hallará muy fácilmente y en grandes cantidades. Si con los que encuentra allí no le bastan, los puede encontrar a burujón puñado en el Departamento de Estado, una dependencia del gobierno norteamericano que desde mediados de los años 30 ha estado bajo el control total de los conspiradores del CFR, que no son comunistas pero los usan como cabezas de turco.

La colaboracion entre la CIA, los amos de la CIA y Fidel Castro nunca ha cesado. La toma del poder por Castro en Cuba, la explosión de buque La Coubre, la traición a los invasores de Bahía de Cochinos, la captura y muerte del Che Guevara, el éxodo del Mariel, la voladura del avión de Cubana de Aviación, la derrota de los Contras en Nicaragua, el trasiego de drogas hacia los EE.UU., el asesinato de Salvador Allende y el reciente asesinato de Hugo Chávez, tan sólo por mencionar algunas, han sido exitosas operaciones conjuntas Castro-CIA. Pero, como dice el dicho, no hay peor ciego que quien no quiere ver.

Un momento. Tengo otra noticia todavía peor para el anticomunista Sr. Casares.

En las páginas finales del Manifiesto Comunista, Carlos Marx y Federico Engels enumeran las medidas que tienen que tomarse en un país para que este se vuelva comunista. Las más importantes son:

 

1. La creación de un banco central que monopolice el dinero y el crédito
2. La imposición de un impuesto graduado
3. La implementación de un sistema de educación pública

Si Marx y Engels resucitaran y visitaran los EE.UU. se sentirían muy contentos de hallar un país que, indudablemente, marcha a pasos agigantados hacia la implementacion total de un sistema comunista.

Lamentablemente, el sistema que los conspiradores del CFR quieren implantar en los EE.UU. y en el mundo el algo mucho peor que el comunismo. Es el llamdo Nuevo Orden Mundial, que el agente del CFR George H.W. Bush mencionaba como un disco rayado en cada uno de sus discursos. También lo mencionó el agente Alex el 12 de octubre de 1979, en un discurso que pronunció en la 34 Asamblea General de la ONU,

Después su habitual diatriba antinorteamericana, Castro declaró: “Queremos un Nuevo Orden Mundial basado en la justicia, la igualdad y la paz que reemplace el sistema injusto y desigual prevaleciente.”

Por supuesto, el sistema injusto y desigual que Castro quería reemplazar no es el que él mismo ha implantado en Cuba. Por el contrario, el sistema económico, político y social que Fidel Casto y sus amigos del Council on Foreign Relations quieren implementar a nivel global es el llamado Nuevo Orden Mundial, que se asemeja mucho al de Cuba. Esto tal vez explica el por qué el gobierno norteamericano, a través de gobiernos demócratas y republicanos bajo el control de los conspiradores del CFR, se las ha arreglado para mantener a Castro en el poder en Cuba todos estos años.

El Nuevo Orden Mudial es una mezcla de lo peor del comunismo y lo peor del fascismo. Ese es precisamente el sistema que el agente Alex ha implantado en Cuba y que los conspiradores del CFR admiran tanto que consideran el modelo a seguir. Por eso están haciendo todo lo posible por implantarlo lo antes posible aquí en los Estados Unidos, y no hay duda que el plan marcha a pasos agigantados.

Hay que reconocer que el títere Barry Soetoro (aka Barack Hussein Obama) ha hecho un gran esfuerzo en ese sentido. Pero tal vez quien le dé el puntillazo final sea la presidenta Hillary Clinton.

!Dios no coja confesados!

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Servando González es un escritor y analista de inteligencia norteamericano nacido en Cuba. Entre sus libros publicado están Historia herética de la revolución fidelista, The Secret Fidel Castro, The Nuclear Deception, La madre de todas las conspiraciones, Psychological Warfare and the New World Order, OBAMANIA y La CIA, Fidel Castro, el Bogotazo y el Nuevo Orden Mundial.

Su libro más reciente, I Dare Call It Treason: The Council on Foreign Relations and the Betrayal of America acaba de ser publicado y puede ser adquirido en Amazon.com

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