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Una reseña que escribí sobre el libro de Michael
Behe Darwin's Black Box, provocó una airada respuesta
de Carlos Wotzkow, titulada "El fundamentalismo ¿inteligente?
de Servando González". Sugiero a los interesados
en el tema que, antes de leer mi respuesta al artículo
de Wotzkow, lean primero el artículo inicial en mi sitio
web, www.servandogonzalez.org, y luego la respuesta de Wotzkow
en Guaracabuya.
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¿Evolución en
la revolución?
Una respuesta a Carlos Wotzkow
Por Servando González
Copyright © 2007 por Servando González. Todos
los derechos reservados.
Primera Parte
El darwinismo como forma encubierta
de religión
Al parecer lo que más le molestó a Wotzkow de
mi reseña del libro Darwin's Black Box de Michael
J. Behe fue que en ella afirmo que la teoría de la evolución
darwiniana es en realidad una forma encubierta de religión
que nada tiene que ver con la ciencia. Esa afirmación
hizo llegar a Wotzkow a la festinada conclusión de que
soy un fundamentalista religioso, de ahí el título
de su respuesta "El fundamentalismo ¿inteligente?
de Servando González".
Por consiguiente, voy a dedicar la primera parte de este trabajo
a abundar en las razones por las que el darwinismo y la teoría
de la evolución se convirtieron en doctrinas religiosas
encubiertas, y la segunda a explicar por qué, a pesar
de ser una falsa ciencia, el darwinismo y la evolución
se han extendido y apoderado de los centros educacionales de
los E.U. hasta convertirse en una especie de doctrina oficial.
Darwinismo y totalitarismo
Excepto para los procastristas más recalcitrantes,
es evidente que el engendro castrista ha resultado ser un fracaso
total tanto en lo económico y lo político, como
en lo ideológico y lo social. No obstante, todavía
a veces se escucha a alguien referirse con aprehensión
a los llamados "logros de la revolución", y
a lo que pasará con esos logros cuando el castrismo desaparezca.
En mi modesta opinión, nada; pero absolutamente nada,
de lo que ha producido el castrismo en Cuba es positivo. El mal
construido edificio castrista fue erigido sobre bases falsas.
Por tanto, es irreparable, y lo único razonable que puede
hacerse es demolerlo por completo y construir uno nuevo sobre
bases sólidas.
No obstante, después de leer la respuesta de Carlos
Wotzkow alguien bien pudiera llegar a la conclusión de
que no todo ha sido malo en la Cuba castrista.
Es cierto que entre los más notables "logros"
del castrismo están el haber llenado la isla de cárceles,
haber destruido la industria azucarera, eliminado la libertad
de expresión, perseguido e internado en campos de concentración
a homosexuales, religiosos y otros opositores, discriminado a
los negros y otras minorías, destruido la ecología
del país, y muchos otros "logros" que harían
esta lista demasiado larga.
Pero, por otra parte, hay que reconocer que en las escuelas
y centros de enseñanza de la Cuba castrista se ha hecho
algo bueno; se ha prohibido enseñar el oscurantismo reaccionario
que es la religión y se ha impuesto la enseñanza
obligatoria del darwinismo y la evolución. Y los resultados
positivos son evidentes: ya hay varias generaciones de cubanos
ateos, sin nocivas creencias religiosas, y fervorosos creyentes
en el darwinismo y la evolución.
Uno de estos nuevos ateos productos del castrismo es Carlos
Wotzkow. No es que lo afirme yo gratuitamente. Él mismo
lo reconoció en un artículo publicado en el sitio
web de la Fundación Argentina de Ecología Científica,
que tituló "¿Cómo explicar a Darwin?",
en el que admitió que: "Yo, por azares de la época
y el país en el que me tocó nacer, no creo ni en
Dios ni en la santísima Trinidad."
Las palabras de Wotzkow causaron tal avalancha de críticas
de los lectores, que, a instancias de Eduardo Ferreyra, Director
de la Fundación y editor del sitio web, Wotzkow se vio
precisado a publicar otro artículo en el que dulcificaba
un poco sus afirmaciones anteriores, pero en el que escribió,
refiriéndose a la crítica de un lector en particular:
"A ese que me ataca diciendo que yo me cuestioné
a Dios y no al ateísmo en el que me adoctrinó el
comunismo, puedo asegurarle que se equivoca. Soy tal vez uno
de los pocos cubanos que podría ayudarle a entender que
las ciencias no creen tampoco en el oscurantismo de Marx y muchísimo
menos en el de Engels. Si usted me ataca por el hecho de yo haber
crecido en un régimen comunista, usted es de los que ataca
gratuitamente y no sabe escoger los enemigos. Pero en todo caso,
usted no demuestra que haya sido el comunismo el causante de
mi poca fe en Dios, ni tan siquiera capaz de demostrar que mi
agnosticismo viene de Marx, y no de la teoría de Darwin."
Dejo a los lectores la interpretación de los hechos,
y la evaluación de quién tiene la razón,
si Wotzkow o el lector, pero quiero dejar constancia aquí
de que, en mi opinión, de la Cuba castrista nada se puede,
ni se debe salvar, ni siquiera el darwinismo. O, mejor dicho,
especialmente el darwinismo. Como bien señala Orlando
Fondevilla en su artículo "La educación castrista",
"La educación castrista no sólo no es un 'logro'
del régimen, sino que es, de todos sus fracasos, el más
dañino y el de más difícil solución."
En junio de 1962 se llevaron a cabo varias reuniones en la
Biblioteca Nacional de Cuba en La Habana. En ella participaron
los más renombrados intelectuales cubanos del momento,
quienes fueron confrontados en forma hostil por el Presidente
Osvaldo Dorticós, el Ministro de Educación Armando
Hart, el Primer Ministro Fidel Castro y otros funcionarios del
gobierno. En el discurso de clausura a las reuniones, Castro
acuñó una frase que definió los estrechos
límites de la libertad intelectual en Cuba: "Dentro
de la revolución todo; contra la revolución nada."
Por supuesto que, como tantas otras, la frase no es original
de Castro. Como fiel estudiante de los curas jesuitas del Colegio
de Belén, a quienes admiraba, Fidel la escuchó
de boca de sus mentores: Extra Ecclesiam nulla salus,
uno de los dogmas de la Iglesia Católica, que significa
"Fuera de la Iglesia no hay salvación."
Traigo lo anterior a colación por el hecho de que,
curiosamente, tan sólo suprimiendo las erres iniciales
en la frase de Castro hallamos la frase que mejor describe los
estrechos límites de la libertad intelectual en el terreno
de la biología en los Estados Unidos: "Dentro de
la evolución todo; contra la evolución nada."
En "Evolutionary History and Population Biology",
un artículo publicado en la revista Nature en 1957
(vol. 214, p. 369), L.C. Birch, biólogo de la Universidad
de Sidney, y Paul Ehrlich, biólogo evolucionista y neomaltusiano
de la Universidad de Stanford, describen con lujo de detalles
el dogma darwiniano:
"Nuestra teoría de la evolución se ha convertido
. . . en algo que no puede ser refutado a partir de ninguna observación.
Cualquier observación concebible tiene que caber dentro
de ésta. Está, por tanto, "fuera de la ciencia
empírica", pero no es necesariamente falsa. Nadie
puede pensar en formas en que se pueda probar. Ideas sin base,
o basadas en unos pocos experimentos de laboratorio extremadamente
simplificados, han logrado aprobación mucho más
allá de su validez. Se han vuelto parte de un dogma evolucionario
aceptado por la mayoría de nosotros como parte de nuestro
entrenamiento."
Es bueno aclarar, porque al principio a mí me costó
trabajo entenderlo, que los profesores que escribieron el párrafo
anterior, son conocidos prodarwinistas, y no se están
valiendo del sarcasmo o la sátira para combatir el darwinismo.
Por el contrario, están expresando sin sonrojo alguno
un dogma que consideran una verdad evidente.
Como aquí en los E.U. todavía no hemos llegado
a la fase final de implementación de una sociedad totalitaria
totalmente establecida -- aunque es evidente que marchamos hacia
ella a pasos agigantados --, aún quedan vestigios de libertad
en las universidades, y los profesores que no acatan el dogma
de la evolución darwinista no son expulsados, ni les hacen
actos de repudio, ni son enviados a la cárcel. Pero todo
el mundo en ese campo sabe que oponerse al darwinismo y la evolución
es un gran riesgo, y conlleva ser condenado al ostracismo, el
estancamiento de la carrera, y volverse un apestado.
En su artículo el propio Wotzkow lo reconoce, cuando
aclara que "Hace semanas, antes que su artículo apareciera
publicado en su página de Internet yo le había
señalado [a Servando] de los riesgos que podía
entrañar asociar gratuitamente a Darwin y a la teoría
de la evolución con las conspiraciones políticas
a las que nos tiene acostumbrado el ambientalismo."
Ciencia y religión
En un artículo publicado hace algún tiempo en
Guaracabuya, que titulé "The New Opium of
the Masses", me adentro en el tema de la religión
con la pregunta retórica ¿Qué es una religión?,
la que contesto:
Una religión es básicamente un corpus doctrinario
basado en creencias, aceptadas sin reservas mentales por los
fieles debido a su fe. La principal característica que
distingue la religión de la ciencia es que, mientras que
la primera está basada en creencias, la segunda se basa
en datos observables y reproducibles. Contrariamente a la ciencia,
que es una rama del saber, la religión, junto a la política,
la historia, el arte, la literatura, etc., pertenece al campo
de la ideología. Por eso los positivistas lógicos
afirmaron certeramente que, en última instancia, ciencia
es todo aquello que no es ideología.
La religión y la ciencia pertenecen a dos ámbitos
diferentes del conocimiento humano, ambos independientes y necesarios.
Criticar el dogma católico de la santísima Trinidad
alegando que no es un hecho científico equivaldría
a criticar la teoría de la relatividad de Einstein diciendo
que no es una creencia religiosa. Ambas afirmaciones con correctas,
pero tan irrelevantes como comparar manzanas con naranjas.
Las personas religiosas que tratan de hallar pruebas científicas
que confirmen sus creencias religiosas, o están confundidas
o sus creencias religiosas no son suficientemente sólidas.
Las personas verdaderamente religiosas ni ocultan ni se sienten
avergonzadas del hecho de que su religión sea un dogma
basado en creencias y sustentado únicamente por la fe.
Por cierto, ni el dogma de la santísima Trinidad ni
la teoría de la relatividad son actividades estéticas,
pero esto también es irrelevante, porque el arte pertenece
a otro ámbito del conocimiento humano, tan necesario como
la ciencia y la religión. Usar la ciencia como medida
para juzgar todas las esferas del conocimiento humano no sólo
es absurdo, sino que equivale a convertir la ciencia en una especie
de religión oficial todopoderosa -- tal como sucede en
los países teocráticos -- algo de por sí
muy poco científico.
La respuesta de Wotzkow transpira la arrogancia de quien se
considera intelectualmente superior porque se trata de un científico
racional lidiando con un oscurantista y reaccionario fundamentalista
religioso -- "los científicos estamos obligados
a intentar ser algo más que el polvo místico de
un diseñador inteligente".
Pero más adelante Wotzkow afirma que "Los judeocristianos
leen en sus sagradas escrituras que "pride goeth before
destruction" y los científicos creemos
que es al revés", y en otra parte de su respuesta
afirma que "Creer firmemente en una teoría
no es un error científico". Sin embargo, al comienzo
del artículo Wotzkow me critica diciendo que "[mi]
intelecto en esta materia se basa en argumentos empantanados
en [mi] propia incredulidad." Esto me hace pensar
que, o la definición de ciencia que di anteriormente no
es correcta, o Wotzkow es el creyente y yo el científico.
Que yo sepa, la característica fundamental de un científico
no es la credulidad, sino el escepticismo. Para un científico
nada es cierto porque alguien lo afirme, sino porque la experimentación
directa lo confirma.
Según el Método Científico -- la prueba
a la cual deben someterse todas las teorías científicas
--, para que una teoría pueda considerarse científica
tiene forzosamente que poseer estas cuatro características:
1, el fenómeno que se estudia tiene que poderse observar;
2, tiene que poderse probar empíricamente; 2, la prueba
tiene poderse repetir; y, 4, tiene que poderse falsificar. Estas
cuatro características tienen que estar por fuerza presente;
ninguna puede faltar.
Tal vez la más importante de las cuatro características
sea la última: que la teoría pueda ser falsificada,
porque si no puede serlo, se debe a que es una verdad absoluta
que no merece discutirse y, por tanto, cae en el campo de la
metafísica, no de la ciencia. Y eso es precisamente en
lo que se ha convertido la teoría de la evolución:
una verdad metafísica que no puede ni siquiera pensarse
que pudiera discutirse.
Según el método científico, el hecho
de que una teoría científica sea aceptada no significa
necesariamente que sea cierta, porque en el campo de la ciencia
no hay verdades absolutas. Lo único que significa es que
es aceptada provisionalmente hasta que algún científico
proponga otra que explique mejor el fenómeno que se estudia.
Por supuesto, que esta teoría tiene que haber pasado previamente
por la prueba del método científico. O sea, que
la ciencia es una actividad practicada por incrédulos
que no buscan la verdad, pues ésta se halla fuera del
ámbito de la ciencia, y que no creen nada sin comprobarlo
mediante la aplicación del método científico.
Pero, por una enrevesada lógica que aún no logro
descifrar, Wotzkow se olvida de su propia afirmación de
que él es un creyente en tanto que yo soy un incrédulo,
y me acusa repetidamente a mí de ser un fundamentalista
religioso.
Tal vez fue esa acusación la primera que le vino a
la mente por no hallar otra mejor, pues no creo que, basado en
los libros y las decenas de artículos que he escrito sobre
diferentes temas, nadie pueda inferir tal conclusión.
Si, tal como afirma Wotzkow, yo soy un fanático religioso,
no cabe duda de que hasta el momento lo he sabido ocultar muy
bien. Sería bueno que, como científico que cree
ser, expusiera los hechos, no las creencias, en que se basó
para escribir tan festinada afirmación, y así me
desenmascara ante los lectores.
Pero no considero que sea necesario. Después de haber
leído mi crítica al libro de Behe, y la respuesta
de Wotzkow, dejo al criterio de los lectores la evaluación
de cual de los dos trabajos tiene todas las características
de haber sido escrito por un fanático religioso.
Ciencia y cientificismo
Como expliqué anteriormente, usar la ciencia como la
medida de todas las cosas es esencialmente anticientífico.
Entre otras cosas porque la ciencia no es sólo un mal
maestro, sino también un sirviente peligroso que no debe
ser venerado.
Esencialmente la ciencia se basa en un principio bien definido
y limitado: la obtención de datos mensurables. Lo cual
indica que todo lo que no se puede medir es descartado de antemano.
Además, el determinismo científico (o acientífico)
hace que la mayoría de los científicos solo vean
lo que les conviene para validar sus ideas preconcebidas -- el
caso del fraude de la mandíbula de Piltdown es un buen
ejemplo de esto, aunque no es el único ni el mas notable.
Debido a las limitaciones intrínsecas del método
científico, los científicos sistemáticamente
ignoran evidencia, por obvia que esta sea, cuando proviene de
áreas que caen fuera de lo que el método científico
acepta. O, dicho en forma más clara, no hay peor ciego
que el que no quiere ver.
Por ejemplo, desde la más remota antigüedad la
gente observó que caían piedras del cielo. Algunas
caían tan candentes que incendiaban bosques. Otras mataban
personas y animales. Por supuesto, que todo eso era pura ignorancia
y superstición religiosa. Para contrarrestar ese desatino
oscurantista, el gran Lavoisier, afamado científico de
la Academia Francesa, se vio precisado a declarar formalmente
que del cielo no podían caer piedras, por la simple razón
de que no había piedras en el cielo.
Punto final. La ciencia ha hablado. Se acabó la discusión.
Pero, como la realidad es cabecidura, las piedras continuaron
cayendo del cielo. Hoy los científicos las llaman aerolitos.
Como dije anteriormente, si el método científico
por sí mismo es limitado, los límites de investigación
de los biólogos evolucionistas, debido a su intrínseca
característica acientífica, son aún más
limitados. Es por eso que su ignorancia es mayor. Pero la realidad
no perdona a quienes tratan de ignorarla, y las piedras continúan
cayendo del cielo.
Hace relativamente pocos años, y gracias a la creación
del microscopio electrónico, algunos investigadores descubrieron
un mundo increíble y fascinante. El primer paso lo dieron
Watson y Crick en la década de los 50, cuando, mientras
observaban una fibras de DNA, tuvieron una intuición sobre
su forma y, usando sus habilidades matemáticas, determinaron
que la molécula del DNA debía tener la forma de
una doble hélice entrelazada. Esta hipótesis fue
posteriormente confirmada empíricamente cuando aparecieron
los primeros microscopios electrónicos.
Pero los microscopios actuales son mucho más potentes,
y están revelando un mundo mucho más increíble.
Por ejemplo, la célula -- cada una de ellas, desde la
más simple a la más compleja --; es como una fábrica
en miniatura, perfectamente construida, compuesta de pequeños
mecanismos, que a su vez contienen mecanismos mucho más
pequeños. Estos descubrimientos, que han sido motivo de
entusiasmo y admiración por parte de los científicos
verdaderos, y que, paradójicamente, no han sido rechazados
por los religiosos, han causado tal consternación, alarma
y pánico entre los "científicos" darwinistas
que los tiene paralizado de terror. Es por eso que tratan de
acallarlos recurriendo a la censura, el hostigamiento, y hasta
a las amenazas personales.
Como afirma Behe en su Darwin's Black Box (p. 187),
nadie en la universidad de Harvard, ni en el National Institute
of Health, ni ningún miembro de la National Academy of
Sciences, ni ningún ganador del premio Nobel, se ha atrevido
a dar una explicación científica de estas cosas.
Es evidente que, debido a su extrema complejidad y propósito,
no pueden ser producto del azar o la evolución, pero,
¿cómo se formaron? Es obvio que existen, porque
están ahí y todo el mundo puede verlas, pero ¿quién
las hizo?
Los científicos honestos, los que no tienen una agenda
política secreta, los que ven la ciencia como una simple
área del saber humano en constante desarrollo, no como
la medida de todas las cosas, llegaron a la única conclusión
posible: como es imposible que la existencia de estas cosas en
el micro mundo sea producto del azar, lo único que lo
explica es que sea producto de una actividad inteligente -- lo
cual no es sino la aplicación práctica del postulado
de Sherlock Holmes, uno de los precursores del método
científico, quien afirmó que: "Si eliminamos
lo imposible, lo que quede, por improbable que parezca, tiene
forzosamente que ser la verdad."
Estos descubrimientos dieron origen a la hipótesis
científica que hoy se conoce como diseño inteligente.
(En mi artículo original sobre el libro de Behe mencioné
mi primera impresión cuando vi un dibujo de un virus bacteriófago
en un libro de biología. Como no tengo la forma de incluir
ilustraciones en Guaracabuya, le ruego a mis lectores que vean
mi artículo en mi sitio web, www.servandogonzalez.org,
donde incluí una ilustración del virus muy similar
a la que aparecía en mi libro de biología. Al final
del artículo he puesto cuatro ilustraciones de un virus
bacteriófago similar, pero vistas por un microscopio electrónico
moderno. Creo que son suficientes para que los lectores lleguen
a sus propias conclusiones sobre si estas cosas puedan ser producto
del azar o de un diseño inteligente.)
Como los científicos son seres humanos y tienen pasiones,
esta no es la primera vez en la historia de la ciencia que surgen
acres polémicas en su campo. Esta es, sin embargo, la
primera vez que los científicos que no están de
acuerdo con una nueva teoría que cuestiona la veracidad
de la que ellos sustentan, tratan de deshacerse de los disidentes
eliminándolos del campo de la ciencia acusándolos
de fanáticos religiosos -- lo cual no es sino una versión
moderna de la Iglesia católica acusando a ciertos científicos
de herejes. "E pur si muove".
Pero la ingrata realidad no perdona a los darwinistas, las
piedras siguen cayendo del cielo y, mientras más observan
por sus potentes microscopios ese micro mundo fascinante, más
científicos honestos no pueden evitar admirarse ante esa
maravilla y preguntarse quién la creó. Porque no
sólo es anticientífico, sino además absurdo,
y hasta estúpido, pensar que pudo hacerse sola como resultado
de un azaroso proceso evolutivo.
Ante este tsunami de evidencia incuestionable que amenaza
con barrerlos, los darwinistas sólo logran balbucir que
estos mecanismos son el producto azaroso de la naturaleza. Pero
eso equivale a adjudicarle a la naturaleza el mismo papel que
los religiosos le asignan a dios, lo cual confirma mi opinión
de que el darwinismo no es más que una religión
disfrazada de ciencia. La gran diferencia entre la religión
darwinista y la cristiana es que el dios del darwinismo es otro
muy diferente del dios cristiano. Y esto es una gran diferencia,
que analizaré más adelante.
Ateos y ateístas
Tal como él mismo admitió en su artículo
publicado en el sitio argentino, Wotzkow se considera ateo. Sin
embargo, después de leer su respuesta a mi crítica
del libro de Behe, yo más bien lo calificaría de
ateísta. Me explicaré mejor citando un ejemplo
de otro campo.
¿Qué es un vegetariano? Un vegetariano es una
persona que, bien por razones de salud, o de gusto, o porque
le da su real gana, prefiere limitar su dieta a la ingestión
de vegetales. Los vegetarianos no hacen gala de su afición
a los vegetales, ni se sienten orgullosos de serlo, ni se consideran
superiores a los no-vegetarianos, ni pertenecen a organizaciones
o grupos de vegetarianos, ni se pasan todo el día hablando
del tema.
Por el contrario, los llamados "vegans" son
vegetarianos militantes, que lleva su vegetarianismo a extremos
que lindan con lo ridículo. Algunos vegans ni siquiera
tocan, aunque se estén muriendo de hambre, una comida
que haya sido cocinada en una cazuela donde anteriormente alguien
cocinó un pollo. Los vegans pertenecen a organizaciones
que son como sectas, donde se reúnen con otros similares
y comentan sobre lo superiores que son al resto de los mortales.
Es esta la diferencia que existe entre cualquier actividad
humana en sí misma, y la misma actividad politizada y
convertida en ideología. Es la misma diferencia que existe
entre homosexual y gay -- diferencia que tal vez sea el secreto
mejor guardado del movimiento gay.
Esa diferencia explica el por qué los gays de San Francisco
boicotearon en los cines del área de la bahía la
película Antes que amanezca, basada en la vida
del escritor Reinaldo Arenas. Esta diferencia también
explica el por qué, a pesar de la persecución y
el hostigamiento a los homosexuales en la Cuba de Castro -- que
todavía no ha desaparecido del todo, y que constituye
uno de los hechos más lamentables y bochornosos de la
historia reciente del continente americano --, la comunidad gay
norteamericana es predominantemente procastrista.
Esa diferencia también explica el hecho de que, cuando
millares de homosexuales cubanos llegaron a este país
huyendo del castrismo durante el éxodo del Mariel, no
fueron organizaciones gay, sino religiosas, las que les tendieron
una mano de ayuda. Es cierto que esas organizaciones los consideraban
pecadores, pero, ante todo, los vieron como seres humanos dignos
de respeto, compasión y ayuda.
De la misma forma, un ateo es una persona que, por razones
filosóficas, personales, o porque le da su real gana,
no cree en la existencia de dios. La mayoría de los ateos
no hacen gala de su condición, ni se la restriegan por
la cara a los religiosos, ni por ello se sienten superiores a
los demás.
Por el contrario, los ateístas son ateos militantes.
Son los vegans de la religión ateísta.
Pero, por las mismas razones implícitas del método
científico, que hacen imposible demostrar científicamente
la existencia de Dios, tampoco es posible probar científicamente
que Dios no exista. Por consiguiente, el ateísmo militante
cae en una contradicción lógica insuperable, y
pronto se convierte en una forma encubierta de religión.
Es por eso que muchos ateístas famosos fundaron una religión
que llamaron Humanismo, que era la religión "científica
que vendría a acabar con la religión.
Aunque Wotzkow dice ser ateo, evidentemente muestra varios
de los síntomas del ateísmo militante. Como los
vegans, tal vez para no contagiarse con mi "fundamentalismo
religioso", no sólo me retiró su amistad,
sino que me informó de que no me comunicara más
con él por correo electrónico. Además, aunque
autorizó a todo el mundo y su tía a que reprodujera
el artículo en el que me ataca, rechazó mi oferta
de que yo se lo publicara en mi sitio web y llegó al extremo
de prohibirme explícitamente que lo hiciera -- evidentemente
para que su artículo no se contagiara con mi "fundamentalismo
religioso". Bueno, cada loco con su tema.
Sin embargo, al parecer Wotzkow nunca pensó en el peligro
de contagiarse con el castrismo solapado cuando publicó
varios artículos suyos en Encuentro en la Red,
una publicación que él mismo califica de "la
Jiribilla del exilio en Europa." Por supuesto, que esa certera
evaluación no se le ocurrió hasta después
de que Encuentro se negó a seguirle publicando
sus artículos.
Darwinismo y ocultismo
En mi artículo inicial afirmé que el Darwinismo
no es sino una religión encubierta, y anteriormente mencioné
en este artículo que la mayor diferencia entre el cristianismo
y el darwinismo era que veneraban a dioses diferentes. Como la
gran mayoría de mis lectores conoce muy bien cuál
es el Dios del cristianismo, me limitaré a escribir sobre
el dios del darwinismo.
La piedra angular que soporta todo el edificio darwiniano
es la evolución. En su sentido biológico más
estricto, evolución significa un proceso por el cual la
vida surgió espontáneamente de la materia inanimada,
y luego evolucionó hasta alcanzar formas superiores, totalmente
por medios naturales. Pero la idea de que la vida surgió
de la materia inanimada no es original de Darwin. En realidad
es mucho más antigua de lo que los darwinistas nos tratan
de hacer creer.
La creencia de que la vida surgió de la materia inanimada
sin participación divina aparece en la mitología
de las civilizaciones más antiguas de este planeta. La
antiguas religiones paganas de Mesopotamia, Egipto y Grecia son
la base de muchas supersticiones modernas, entre ellas el darwinismo.
En los mitos de creación de los egipcios y los babilonios
aparece la creencia de un mar primordial del que surgió
la vida. Una creencia similar aparece en el hinduismo, y se explica
en detalle en el Rig Veda, el Atharva Veda, y otras antiguas
escrituras. El hinduismo no acepta la idea de un Creador, sino
que considera que el universo y la vida evolucionaron a partir
de un pedazo primigenio de materia inerte llamada "prakiti".
Los darwinistas mantienen que la vida surgió de la
materia inerte y evolucionó de formas simples a otras
más complejas como resultado de fuerzas al azar controladas
por la madre naturaleza. Una creencia similar existía
entre los antiguos griegos, en cuya mitología la madre
naturaleza era llamada "Gaia". En otras religiones
paganas se le conoce como la diosa de la abundancia.
La relación entre el darwinismo y el ocultismo no es
difícil de probar, pues ambas están inextricablemente
entrelazadas. No es producto de la casualidad que haya sido un
prominente científico evolucionista, James Lovelock, quien
enunció la "teoría de Gaia", que ha sido
abrazada por los adeptos del New Age, según la cual el
planeta tierra es un organismo vivo, que sufre en su propia carne
cuando alguien maneja un auto, fuma un habano, o come frijoles
y aguacates y luego contamina el medio ambiente. Según
los seguidores de esta teoría, los seres humanos no somos
más que una plaga que hay que destruir antes de que nosotros
destruyamos a Gaia.
Otro aspecto en el que los evolucionistas copian creencias
antiguas es en el culto solar. Según los darwinistas,
el sol es la fuente de la vida en este planeta. Fue la luz solar
la que engendró el proceso por el que la materia inerte
de ese "caldo primigenio" cobró vida. Después
fue la energía solar la que causó la evolución
y mutación de las distintas especies.
En su libro Cosmos, Carl Sagan, otro famoso darwinista
ateo y acérrimo enemigo del cristianismo, afirmó:
"Si fuera necesario adorar algo más grande que nosotros,
¿no tendría lógica que adoráramos
el sol y las estrellas?" Más adelante, en el propio
libro, Sagan insiste sobre el tema: "Nuestros antepasados
adoraban el sol y las estrellas, y no eran tontos."
Por más de 2000 años los numerólogos
hebreos y los estudiosos de la Cábala han estudiado el
Viejo Testamento en busca del código de la vida. El libro
más antiguo de la tradición ocultista hebrea, el
Sefer Yetzirah, describe como Yahveh creó el universo
y todos los seres vivos en forma mágica a partir de las
22 letras del alfabeto hebreo. El texto afirma que quien descubra
estas combinaciones de letras también podrá crear
vida a partir de la materia inerte.
Los esfuerzos mágicos dedicados a crear vida a partir
de la materia inorgánica comenzaron en el medioevo. En
mi artículo anterior mencioné al famoso Golem de
Praga, creación del rabino Loew para protegerse de sus
enemigos. Loew comenzó su obra creando una escultura de
barro que tomó de la ribera del Vltava. Pero, aunque según
la leyenda el Golem protegió a los judíos de Praga,
algo salió mal, por lo que Loew decidió privarlo
de la vida que le había dado.
Un famoso alquimista medieval que trató de crear vida
a partir de la materia inanimada fue Teofrasto Bombasto von Hohenheim,
más conocido como Paracelso. Según Paracelso, él
había sido capaz de crear un ser humano artificial, al
que llamó un homúnculo. Este ser tenía unas
doce pulgadas de estatura y, luego de trabajar brevemente para
su creador, se rebeló, escapó y más nunca
apareció.
El propio Darwin no fue ajeno a las prácticas del ocultismo.
Durante su largo viaje, la Beagle tocó puerto en
algunas partes de América del Sur, y Darwin se adentró
a lomo de caballo en el continente, donde pasó una corta
temporada estudiando las costumbres de ciertas tribus suramericanas.
Cuentan algunos de sus amigos que fue allí cuando se inició
en la práctica de la magia negra.
Fue después de esa estancia con los indios suramericanos,
que Darwin viajó a las Galápagos, donde hizo sus
primeras observaciones sobre los pinzones, una aves de pico característico
que habitaban esas islas. Según la historia oficial del
darwinismo, fueron estas observaciones las que condujeron a Darwin
a postular su teoría de la evolución por vía
de la selección natural.
Pero los libros prodarwinistas ocultan que el verdadero creador
de la teoría de la evolución no es Darwin, sino
Alfred Russell Wallace, un practicante del espiritismo y el marxismo,
que la había publicado anteriormente en un artículo
científico que tituló Ternate Paper. Darwin,
en complicidad con sus amigos Charles Lyell y Joseph Hooker,
plagiaron descaradamente la teoría de la evolución
de Russell Wallace y la publicaron bajo su nombre. Esta historia
sórdida de los verdadero orígenes del darwinismo
está descrita con lujo de detalles en A Delicate Arrangement,
de Arnold C. Brackman y en Darwin and the Mysterious Mr X:
New Light on the Evolutionists, de Loren Eiseley.
Pero, volviendo a Darwin, cuentan sus amigos que, después
de su regreso a Inglaterra tras la travesía en la Beagle,
Darwin experimentó un cambio radical en su carácter;
se volvió un ser solitario, extraño y misterioso,
y su salud se deterioró ostensiblemente. Debido a su ignorancia
supina de las leyes genéticas, Darwin se casó con
una prima hermana, y siete de sus hijos nacieron con problemas
físicos y mentales. Una de sus hijas murió poco
después de nacer, otra a los diez años de edad.
Su hija mayor sufrió un colapso nervioso cuando tenía
quince años, y nunca se recuperó totalmente. Tres
de sus seis hijos eran inválidos de nacimiento. Su último
hijo nació retrasado mental, y murió a los 19 meses
de edad.
O sea, que Charles Darwin fue víctima de su propio
oscurantismo. Pero, en definitiva, Darwin no fue más que
un pobre diablo cuyas teorías disparatadas sólo
sirven ahora para que quienes financian el darwinismo y la evolución
promuevan su agenda secreta -- de la que hablaré en detalle
más adelante.
El propio Darwin reconoció su error al final de su
vida cuando, en un gesto tardío de honestidad o remordimiento,
escribió: "Al pensar en tantos casos de hombres que
por muchos años han perseguido una ilusión, a menudo
me sacude un escalofrío y me pregunto si habré
dedicado mi vida a una fantasía." (Carta de Charles
Darwin a Charles Lyell, 23 de noviembre de 1859, citada en Francis
Darwin, The Life and Letters of Charles Darwin, vol. II,
New York; D. Appleton and Company, 1888, p. 25.)
El mes pasado la prensa difundió la noticia de la muerte,
a los 77 años de edad, de Stanley Miller, un científico
que fuera el pionero en la creación de vida artificial
en el laboratorio. En 1953 Miller realizó un experimento
que conmovió los círculos científicos y
el mundo. Miller mezcló en una recámara de cristal,
amoníaco, hidrógeno y metano, gases que, según
él, se aproximaban a los que existían en la atmósfera
primigenia del planeta antes de que existiera la vida, y les
añadió vapor de agua, para simular los océanos,
en una especie de "caldo prebiótico".
Luego hizo pasar una descarga eléctrica de 60,000 voltios,
que simulara relámpagos, como los que, según Miller,
debían haber ocurrido en la tierra en ese período.
Después de varios intentos fallidos Miller halló
que, al finalizar uno de sus experimentos, en las paredes de
la recámara de cristal se habían formado aminoácidos,
los elementos básicos de la vida. Este experimento exitoso
fue anunciado a bombo y platillo por todo el mundo como prueba
definitiva de cómo había surgido la vida en nuestro
planeta a partir de la materia inanimada, sin intervención
divina alguna.
Si la mayoría de los lectores nunca ha oído
hablar más de Miller eso se debe a que los científicos
que trataron de reproducir el experimento, tan sólo lograron
producir pequeñísimas cantidades de menos de la
mitad de los 20 aminoácidos que requiere la vida para
existir. O sea, que el experimento de Miller fue en realidad
un sonado fracaso.
Pero, según varios darwinistas actuales, el experimento
de Miller fracasó tan sólo debido a que la atmósfera
de la tierra en esa época era muy diferente de lo que
creía Miller. Según estos científicos, para
crear vida artificial primero habría que cerciorarse de
cuáles eran los componentes de la atmósfera en
ese período, y luego exponerlos a una potente fuente de
energía -- que algunos pensaban podría ser radiación
nuclear.
La muerte de Miller pasó desapercibida en los círculos
darwinistas, y su nombre ya no es mencionado ni en los libros
de los darwinistas más dogmáticos y recalcitrantes.
Sin embargo, aún hoy el experimento de Miller aparece
en los libros de texto de las escuelas norteamericanas, y se
le muestra a los alumnos como prueba científica de que
la vida puede crearse en el laboratorio a partir de materia inanimada.
Pero ahora viene lo más asombroso de esta tragicomedia
en la que se ha convertido el darwinismo, que he dejado para
el final como plato fuerte, y que muestra una faceta ignorada
de la actividad necromántica darwiniana disfrazada de
ciencia. Lo que voy a contar tal vez sea uno de los secretos
mejor guardados de la época de la invención de
la bomba atómica.
El 16 de julio de 1945, en un sitio llamado "Trinity",
no muy lejos de Alamogordo, Nuevo México, detonó
en la cúspide de una torre de metal la primera bomba atómica,
que dio comienzo a la era nuclear. Cuentan testigos presenciales
que la explosión del artefacto nuclear que él mismo
había contribuido a crear, sobrecogió tanto al
físico Robert Oppenheimer, que luego comentó: Al
presenciar la explosión, lo primero que me vino a la mente
fue un verso del Bhagavad Gita: "Me he convertido en la
Muerte, el destructor de mundos."
Lo que no se menciona en ninguno de los libros que
se han escrito sobre ese tema es que el día anterior a
la prueba, cerca de la torre metálica se colocó
un extraño receptáculo metálico en forma
de botella gigantesca. Según la foto que tengo frente
a mí, la botella, que aparece en posición acostada,
medía aproximadamente unos veinte pies de alto y diez
de ancho. Los participantes en la prueba fueron advertidos de
que no hicieran ningún tipo de preguntas al respecto,
pues botella era parte de un experimento super secreto que no
debían mencionar a nadie.
Poco tiempo antes de morir en un extraño accidente
en 1952, Jack Parsons, un ingeniero cofundador del Jet Propulsion
Laboratory e investigador del California Institute of Technology,
comentó con unos amigos que la misteriosa botella contenía
un homúnculo. Según Parsons, los científicos
que lo habían colocado dentro de la botella esperaban
que la fuerte radiación de la explosión atómica
le daría vida al engendro inanimado.
Aunque casi totalmente desconocido para el público
en general, Parsons era una persona importante y respetada en
los círculos científicos. Werner von Braun lo consideraba
el verdadero padre del programa espacial norteamericano. Uno
de los cráteres de la cara oculta de la luna lleva su
nombre en su honor. Lo que mucha gente ignora es que Parsons
también era un ávido practicante del ocultismo
y que, según testigos presenciales, antes de cada lanzamiento
de un cohete de prueba invocaba al dios Pan. Parsons era discípulo
del ocultista inglés Aleister Crowley y miembro de la
filial californiana de la sociedad secreta Ordo Templi Orientis.
O sea, que la misteriosa botella era parte un experimento
darwiniano-alquimista en grande, similar al que años después
realizara Miller en pequeño. Pero, como nunca nadie vio
al homúnculo vivo, ni se ha mencionado más, ni
los darwinistas lo mostraron vivo para probar la veracidad de
sus teorías, todo indica que el experimento resultó
un fracaso total.
Como se ve, el oscurantismo y la superstición siempre
han sido fieles compañeros de viaje del darwinismo. Si
Carlos Wotzkow abrazó el darwinismo como una forma de
oponerse a lo que él considera el fundamentalismo oscurantista
y retrógrado de la religión, me temo que equivocó
el camino. Mucho mejor hubiera sido que se hubiese dedicado a
practicar el vudú y, en vez de escribir el artículo
en el que me ataca con tanta saña, hubiera hecho un muñeco
de trapo con mi nombre escrito en el pecho y le hubiera clavado
alfileres. Alguien me contó que eso era lo que hacía
Celia para deshacerse de los enemigos de Fidel, y que siempre
le daba resultado.
Darwinismo y Humanismo
Al comienzo de este artículo mencioné la relación
entre el jesuitismo y el castrismo, y esa relación no
es metafórica. No hay que olvidar que fue Pierre Teilhard
de Chardin, un cura jesuita renegado y aficionado a la arqueología,
quien tuvo un papel activo en el descubrimiento en 1912 de la
famosa "mandíbula de Piltdown". La mandíbula
era la prueba final necesaria que por muchos años habían
buscado los darwinistas -- el famoso "eslabón perdido"
--, que demostraba científicamente que el hombre descendía
del mono. Sin embargo, como pasa con todo lo relacionado con
el darwinismo, en 1959 se descubrió que la famosa mandíbula
era un burdo fraude. El eslabón sigue perdido y, al parecer,
hace todo lo posible para que nadie lo encuentre.
Fue el propio Teilhard de Chardin quien, en su libro El
fenómeno humano, publicado en 1955, expuso en detalle
el lugar de la ciencia desde el punto de vista darwinista.
"¿Es la evolución una teoría, un
sistema, o una hipótesis? Es mucho más. Es un postulado
general al cual todas las teorías, todas la hipótesis,
todos los sistemas deben ajustarse y que deben satisfacer para
ser aceptables y verdaderos. La evolución es una luz que
ilumina todos los hechos; una trayectoria cuyas líneas
de pensamiento deben seguir. Eso es lo que significa la evolución."
Traducido a buen romance, lo que quiso decir el buen Pedro
es que fuera del darwinismo no hay salvación. Como se
infiere, para Teilhard de Chardin, quien todavía ocupa
un lugar cimero en la constelación darwinista, el darwinismo
era una religión. Lo interesante es que esto lo escribió
mucho antes de que los jesuitas se quitaran la careta y mostraran
abiertamente su pasión amorosa por el totalitarismo. Pero,
como buenos jesuitas que son, no lo llamaron marxismo ni comunismo,
y muchos menos fascismo o falangismo, sino "teología
de la liberación".
Es por eso que en mi crítica al libro de Behe mencioné
que el darwinismo no es una teoría científica sino
una religión,. Lo que no aclaré en ese artículo
fue qué tipo de religión es el darwinismo. Veamos.
Wotzkow termina su respuesta a mi artículo con una
cita de Richard Dawkins, el gran guru del darwinismo, a quien
evidentemente admira. Dawkins es un ateo militante y feroz detractor
de todo lo que huela a contradecir el darwinismo. Pero todo indica
que Wotzkow padece de amnesia selectiva, y convenientemente se
olvidó de que, después de leer una de las diatribas
Dawkinianas titulada "I am an Atheist, BUT . . ." el
mismo Wotzkow escribió un comentario en el sitio web donde
apareció el artículo de Dawkins:
"Comment #7702 by Carlos Wotzkow on November 19, 2006
at 5:23 am
I am an atheist as well, but I got extremely dissapointed
everytime I read Dawkins phrases blaming cristianity for all
and not finding a nanogram of courage to attack islamism the
same way. It seems that he knows very well what democracy is,
and UK doesn't seems the right place to play with potential hot
folks!
It is a shame because this make Dawkins a politician, not
a scientist!"
Esa es precisamente la crítica que le hace Michael
Crichton, a quien me referiré más adelante, a los
proponentes del calentamiento global, y que es totalmente aplicable
a los darwinistas. El darwinismo es ciencia politizada, lo que
equivale a que no es ciencia, sino ideología.
Pero Dawkins no es sólo un ideólogo disfrazado
de científico. También es un fanático religioso
oculto bajo una cubierta de ateísmo.
Dawkins ha escrito libros como The Selfish Gene, The Blind
Watchmaker y The God Delusion, que no pasan de ser
diatribas en contra del cristianismo (y sólo en contra
del cristianismo, como bien lo acusa Wotzkow, y a lo que me referiré
más delante en la Segunda Parte de este artículo).
Esto le ha ganado el merecido honor no sólo de ser uno
de los ateístas más conocidos y prominentes del
planeta, sino también uno de los más sólidos
promotores del darwinismo y del humanismo secular.
Su último libro, The God Delusion, es una diatriba
anticristiana tan obvia, que la reseña del mismo que publicó
Publisher's Weekly expresa que: "Para provenir de
un científico que critica la religión por su intolerancia,
Dawkins ha escrito un libro sorpresivamente intolerante, cargado
de desprecio por la religión y los creyentes." Tal
vez anticipando esa crítica, Dawkins, haciendo gala de
la arrogancia que lo caracteriza, escribió en The God
Delusion que, "Es el científico y el humanista
en mí lo que me hace hostil al fundamentalismo religioso
cristiano."
Demás está decir que, al igual que Dawkins,
la mayoría de los promotores del darwinismo y la evolución
son también ateos, humanistas y arrogantes.
Por supuesto que, en su deshonestidad intelectual Dawkins
no menciona un hecho clave que nos da una mejor idea de qué
tipo de personaje se trata. Dawkins se jacta de ser científico,
ateo, antirreligioso -- o, mejor dicho, anticristiano --, y humanista.
Pero si leemos el Manifiesto Humanista -- también llamado
Manifiesto Humanista I para distinguirlo de otros Manifiestos
que lo siguieron, y que se encuentran fácilmente en la
Internet -- hallamos que el Humanismo no es sino una religión
"científica" que pretende sustituir a las otras
religiones, en especial a las cristianas.
En varias partes del Manifiesto Humanista I, sus redactores
se refieren al "Humanismo Religioso". Según
el primer principio del Manifiesto, "Los humanistas religiosos
consideran que el universo es autoexistente y no creado."
En el octavo principio, se afirma que "El Humanismo Religioso
considera que la realización total de la personalidad
humana es el único motivo de la vida humana, y busca su
realización aquí y ahora." El principio número
trece expresa que, "El Humanismo Religioso mantiene que
todas las organizaciones e instituciones existen tan sólo
para la realización total de la vida humana." El
Manifiesto termina expresando claramente que "En eso consisten
las tesis del Humanismo Religioso."
Por cierto, ¿no recuerdan algunos de los lectores que,
en su primer visita a los E.U. en abril de 1959, poco después
de haberse apoderado del poder en Cuba, Castro se declaró
humanista? En un discurso que pronunció en New York el
24 de abril, Castro afirmó: "Ni pan sin libertad,
ni libertad sin pan; ni dictadura de un hombre ni de una clase;
gobierno del pueblo sin oligarquías; libertad con pan,
pan sin terror: eso es Humanismo."
Desafortunadamente, cuando los cubanos descubrieron que el
Humanismo en realidad significaba terror sin pan ni libertad,
ya era demasiado tarde.
Castro repitió su arenga humanista en varias oportunidades,
y las consignas humanistas comenzaron a brotar como setas después
de la lluvia en el periódico Revolución
y otros medios. Pero, sorpresivamente, poco después de
su regreso Castro cambió la onda y el Humanismo desapareció
como por arte de magia y más nunca se oyó hablar
de él. (Quienes estén interesados en la faceta
Humanista de Castro pueden abundar sobre el tema en "Fidel's
Short-Lived Humanism" en mi libro The Secret Fidel Castro:
Deconstructing the Symbol. Pueden leerlo en mi sitio web
www.servandogonzalez.org)
Es significativo el hecho de que Castro decidiera no hablar
más del Humanismo después de una visita que hizo
a la Harold Pratt House en Manhattan, sede del Consejo de Relaciones
Exteriores, donde sostuvo una larga y amistosa conversación
con sus amigos los Rockefellers. Esta visita no fue reportada
en la prensa norteamericana. ¿Será que David y
Nelson Rockefeller le aconsejaron a su amigo Fidel que decir
la verdad no era práctico, y que el comunismo era una
cubierta mejor que el humanismo para engañar a los incautos?
Otro de los muchos enigmas del castrismo que tal vez un día
desentrañaremos.
Pero, si no se lo aconsejaron a Castro, todo indica que sí
se lo aconsejaron a los humanistas. A partir del segundo Manifiesto,
la palabra "religioso" desaparece del texto -- aunque
no creo que haya desaparecido de las mentes de los humanistas.
En su respuesta a mi artículo Wotzkow me critica airado
porque llamé a los seguidores del Darwinismo y la evolución
un "puñado de inescrupulosos, mentirosos, oportunistas
y desinformados." La traducción es
casi correcta, excepto que no los llamé "desinformados",
sino "desinformadores". Ahora bien, después
de haber leído lo anterior sobre Dawkins y el Humanismo,
me parece que algunos lectores bien podrían pensar que
tal vez me quedé corto.
Sin embargo, tal vez sin saberlo, Wotzkow ha dado con el meollo
de la cuestión. No es que los darwinistas estén
en contra de la religión, puesto que el propio darwinismo
es una religión y la mayoría de los darwinistas
son adeptos de distintos tipos de religiones, como el Humanismo
y el New Age, sin contar sectas religiosas orientales. Los darwinistas
tan sólo combaten un tipo específico de religión,
la cristiana. ¿Por qué? Porque el darwinismo es
tan sólo una hoja de parra moral para justificar la eugenesia
y el genocidio, y uno de los dogmas cardinales del cristianismo
es que la vida humana es un don divino que nos ha sido otorgado
por un Creador y, por lo tanto, sagrada e inviolable.
-- continúa en la segunda
parte --
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