|
El extraño Encuentro de Jesús
Díaz con la muerte
por Servando González
La repentina muerte de Jesús Díaz, un conocido
escritor cubano en el exilio, ha desatado y seguirá desatando,
una avalancha de artículos sobre su brillante carrera
como escritor y editor. Pero hay un aspecto oculto de la vida
de Jesús Díaz que no ha sido explorado todavía:
su posible conexión con los servicios de inteligencia
castristas. Este artículo explora esa conexión.
---------
Conocí a Jesús Díaz a comienzos de la
década de los sesenta, cuando un común amigo me
lo presentó en la biblioteca de la Escuela de Letras de
la Universidad de La Habana, donde Jesús a la sazón
enseñaba filosofía marxista. Recuerdo que Jesús
traía en sus manos el manuscrito de un libro de cuentos
que había enviado al concurso de la revista Casa de las
Américas, y me dio a leer un par de ellos, que devoré
en unos minutos en la propia biblioteca. Recuerdo haberle dicho
que tenía un premio en las manos. Resultó que no
me equivoqué: Los años duros fue uno de los libros
galardonados.
Después nuestros caminos se apartaron (yo ya había
tomado el camino del exilio interior), y dejé de verlo
luciendo su inseparable boina verde olivo por la Universidad.
Alguien me comentó que Jesús había sido
tronado cuando Raúl Castro disolvió la revista
Pensamiento Crítico, y Jesús fue a parar al limbo
cubano. Años después me enteré de que andaba
por el ICAIC (Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica)
que, junto con la Casa de la Américas, eran los refugios
de los intelectuales y artistas castristas que por avatares del
destino habían sido defenestrados.
Para reivindicarse, Díaz se esforzó en el ICAIC
en probar más allá de toda duda su ortodoxia fidelista.
No sólo realizó cortometrajes, como el panfleto
propagandístico 55 Hermanos sobre un grupo de jóvenes
exiliados y descendientes de exiliados cubanos en su primer visita
a Cuba, que muestran su amor por Fidel Castro y su obra, sino
que también escribió guiones y realizó películas
de argumento. Ese esfuerzo lo reivindicó a los ojos del
castrismo.
Tal parece que los graves problemas sociales, éticos
y morales, por no mencionar los políticos y económicos,
que confrontó la nación debido a los desatinos
de Fidel Castro no lograron conmover las profundas raíces
castristas de Jesús Díaz. En 1982, un año
después de los vergonzosos sucesos del Mariel --reedición
tropical de la persecución a los judíos al inicio
de la Alemania nazi-- Díaz gana el Premio IV Concurso
de la Sección de Cine, Radio y Televisión de la
UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba), por la
realización y el guión de Polvo Rojo. En 1986 su
estrella todavía brilla reluciente, y obtiene una Primera
Mención de Argumento en el I Festival de Cultura Cubana
en Burdeos por Lejanía, considerada la primera película
que aborda el tema de las relaciones entre cubanos de la Isla
y el exilio --desde un punto de vista castrista, por supuesto.
¿Cuál era la posición política
de Jesús Díaz mientras vivió en la Cuba
castrista? Todo indica que era totalmente ortodoxa. En su libro
Cuba, Jacobo Timerman lo califica de "Stalinista",
así como de ser "el escritor que mejor expresa la
línea del partido". Timerman no exagera. Según
algunos que siguieron de cerca su carrera, cuando Jesús
Díaz era director de la revista El Caimán Barbudo
hostigaba a aquellos a quienes consideraba que no tenían
como él una posición castrista ortodoxa (extremista).
En una carta abierta a Carlos Monsiváis publicada en
la revista electrónica La Jiribilla el 30 de Junio del
2001, los redactores (léase "compañeros"
de la inteligencia castrista), afirman que Díaz "Fue
un perseguidor de homosexuales en los años sesenta, como
bien lo saben los fundadores de Ediciones El Puente; se sumó
a la campaña contra Paradiso en nombre de la 'moral revolucionaria';
y fue detractor de la persona y la obra de Reinaldo Arenas."
Sin embargo, debido a un problema de amnesia selectiva, los "redactores"
no mencionan que Jesús Díaz también fue
Secretario del núcleo del partido "comunista"
(el fidelista, no el PSP), en el ICAIC.
No es hasta 1991, dos años después de la farsa
que condujo al asesinato legal de Arnaldo Ochoa y Tony de la
Guardia, que Díaz descubre la luz y decide romper con
el castrismo. Inicialmente se asila en Alemania, y en 1994 pasa
a vivir permanentemente a España. Es allí donde
funda en 1996 la revista Encuentro de la Cultura Cubana. En una
reciente entrevista aparecida en la revista literaria Lateral
(Barcelona, Abril del 2002, pp. 10-11), Díaz respondió
a la pregunta "¿Por qué dejaste Cuba?"
con estas palabras: "Estaba muy desencantado de la experiencia
de la revolución. Todo aquello había terminado
en una dictadura terrible, y yo me sentía muy en contra."
La mayoría de los exiliados que he conocido, particularmente
los que en algún momento sintieron alguna simpatía
por lo que creyeron era una revolución verdadera, cuentan
que han pasado por un período más o menos largo
en el que se han ido distanciando del régimen: el llamado
"exilio interior". Pero la conversión de Díaz
parece haber sido fulminante, pues hasta los últimos momentos
brindó su apoyo al régimen castrista y se benefició
de ello. Si, tal como aseguró a Lateral, estaba "muy
desencantado" con el castrismo, no hay dudas de que lo supo
ocultar muy eficazmente hasta el último momento.
Muchos aspectos de los motivos que, según él,
lo condujeron al exilio son evidentemente sospechosos. Según
las propias palabras de Díaz en la entrevista, lo que
lo instó finalmente a exilarse fue una carta escrita por
el entonces Ministro de Cultura Armando Hart, en la que éste
lo amenazaba de muerte, acusándolo, entre otras cosas
de "Judas".
Al parecer Díaz olvidó mencionar algo muy importante:
aunque en Cuba hay muchos títeres, hay un sólo
titiritero. Armando Hart no se hubiera atrevido a escribir tal
carta sin la autorización, o la orden expresa, de Fidel
Castro. Y es aquí cuando la cosa se complica, porque,
como todos sabemos, Fidel Castro nunca ha amenazado a nadie de
muerte. Cuando quiere matar a alguien, simplemente lo mata, y
se acabó.
Cuando Fidel era niño en la finca Manacas, allá
en Birán, provincia de Oriente, observó que el
matarife que iba a ultimar al cochino siempre llevaba el cuchillo
escondido hasta el último momento en que le asestaba la
puñalada. Casos como el de Frank País, Camilo Cienfuegos,
o el más reciente de José Abrahantes, son buena
prueba de que aprendió la lección. Fidel nunca
le avisa a nadie con anticipación de que le va a asestar
la puñalada trapera. De modo que Jesús Díaz
sería el primer caso de un cubano al que un funcionario
del gobierno castrista haya amenazado de muerte.
Si Jesús Díaz nunca hubiese estado relacionado
con los servicios de inteligencia castristas, este estudio lo
habría realizado tan sólo desde el punto de vista
histórico, y ciertos aspectos oscuros de su vida no habrían
pasado de ser más que eso: sospechas. Pero sus vínculos
con la inteligencia castrista, como veremos a continuación,
abren una legítima puerta para que haga este análisis
desde el punto de vista de la inteligencia, la contrainteligencia
y el espionaje, y en ese campo las cosas rara vez son lo que
parecen ser.
Vista desde esa perspectiva, la amenazadora carta de Hart
a la que Díaz se refiere pudiera tener otra explicación
un poco más compleja. En contrainteligencia y espionaje
existe un mecanismo que se conoce como "creación
de bona fides", por el que un agente de inteligencia que
ha sido destinado a penetrar al enemigo pasa por un proceso falso
de rompimiento violento con sus verdaderos amigos. Este falso
rompimiento es usado como excusa para luego pasarse a las filas
de la oposición y constituye la prueba máxima de
que el traidor es lo que dice ser. Ha habido casos extremos en
los que agentes han sido apresados y hasta torturados por sus
propios amigos, para de esa forma justificar su falso rompimiento
con ellos. Esta explicación pudiera ser interpretada como
una simple especulación de una mente paranoica -- aunque
cierta dosis de paranoia es una condición necesaria para
trabajar en contrainteligencia-- pero los hechos extraños
sobre Díaz no terminan ahí.
Jesús Díaz estuvo involucrado con las visitas
a Cuba de las brigadas Venceremos y Antonio Maceo casi desde
el principio en que aquéllas comenzaron. Las brigadas
Antonio Maceo y Venceremos fueron operaciones de penetración
ideológica concebidas y ejecutadas por la inteligencia
castrista para clavar una punta de lanza en el flanco del exilio
cubano y en el de los propios Estados Unidos. El hecho de que
Jesús Díaz haya sido encargado de "atender"
a esos grupos de jóvenes despistados --futura cantera
de revolucionarios radicales y propagadores de la ideología
castrista-- indica que sus nexos con la inteligencia castrista
eran bien fuertes. Para haber podido realizar estas funciones
Jesús Díaz tiene por fuerza que haber sido un colaborador,
un agente, o posiblemente un oficial encubierto de la inteligencia
castrista. Cualquier cosa que haya sido, es evidente que gozaba
de la total confianza de la inteligencia castrista.
Al parecer su trabajo ideológico con las brigadas fue
eficaz, pues ciertos hechos parecen indicar que, años
más tarde, Jesús Díaz fue seleccionado para
jugar un papel clave en una operación de guerra psicológica
(psy-op) de los servicios de inteligencia castristas. La ciencia
de la psicopolítica, elemento esencial de lo que hoy se
conoce como guerra psicológica, fue desarrollada por Lavrenti
Beria, uno de los jefes de la KGB en tiempos de Stalin.
Es de todos conocido que los agentes de la inteligencia castrista
han penetrado, casi sin excepciones, las organizaciones anticastristas
en el exilio. El conocido caso de Juan Pablo Roque, el oficial
de la inteligencia castrista que logró infiltrarse en
Hermanos al Rescate, no constituye la excepción sino la
regla. Pero estos agentes lograron infiltrarse gracias a que
hacían gala de su anticomunismo furibundo y echaban espuma
por la boca al hablar del castrocomunismo. Esto les abrió
las puertas de esas organizaciones del exilio, las cuales nunca
se han caracterizado por su perspicacia. Esta nueva operación
de la inteligencia castrista era algo mucho más sutil,
y requería agentes más refinados.
El objetivo principal de esta nueva operación, que
he dado en llamar "Operación Encuentro", fue
la neutralización política de los intelectuales
y artistas cubanos no-castristas, tanto en el exilio como en
Cuba, mediante la creación de lo que en inteligencia se
conoce como un "agente de influencia". Aunque el término
"agente de influencia" generalmente se aplica a personass,
también puede aplicarse a organizaciones de todo tipo,
incluyendo medios de comunicación masiva. Por ejemplo,
hay pruebas de que la CIA ha penetrado la mayoría de los
más importantes medios de comunicación en los Estados
Unidos, incluyendo The New York Times, The Washington Post, CBS,
CNN y otros. Es sabido que durante los años duros de la
guerra fría, la CIA secretamente penetró y financió
varias revistas culturales tales como Partisan Review, Kenyon
Review, New Leader. Pero sin duda la más famosa, debido
al escándalo que se armó cuando se descubrió
la participación de la CIA en su creación y financiamiento,
tenía un título muy singular: Encounter. Al parecer
algunos "compañeros" de la inteligencia castrista
no tienen mucha imaginación --o tienen un gran sentido
del humor.
La Operación Encuentro se planeó alrededor del
año 1990, y poco después entró en la fase
operativa con el envío de intelectuales cubanos pro-castristas
"exiliados" cuyo objetivo era infiltrarse en las comunidades
cubanas en el exilio, principalmente en México, España
y los Estados Unidos. No es coincidencia que, a partir de ese
momento, un grupo de intelectuales identificados con el castrismo,
Jesús Díaz entre ellos, haya tomado sorpresivamente
el camino del "exilio". Su misión internacionalista
era penetrar y confundir ideológicamente a los intelectuales
cubanos del exilio verdadero.
No voy a mencionar en este trabajo los nombres de otros intelectuales
involucrados en esta operación; ya habrá tiempo
para ello. Baste decir que todo intelectual cubano que haya tomado
el camino del exilio después de 1990, y que en un tiempo
demasiado corto haya llegado a posiciones prominentes en el campo
de la cultura o el arte en el país que los acogió,
es sospechoso. Entre éstos, los que hayan recibido ayuda
financiera de fundaciones norteamericanas tales como la Rockefeller,
Ford, Carnegie, Mellon, o MacArthur, son todavía más
sospechosos. El caso de Reinaldo Arenas es prueba suficiente
de que los intelectuales cubanos en el exilio que mantienen una
actitud vertical ante el castrismo, ni suben fácilmente,
ni reciben ayuda financiera de las instituciones que he mencionado.
Un análisis de Encuentro y de su némesis La
Jiribilla, que vaya más allá de lo superficial,
indica que, aunque por diferentes vías, el mensaje subliminal
de ambas publicaciones es básicamente el mismo: en la
Cuba castrista los creadores tienen libertad de expresión.
Encuentro publica trabajos de autores cubanos en Cuba, algunos
de ellos críticos al castrismo. Jiribilla publica trabajos
de autores cubanos como Virgilio Piñera y José
Lezama Lima, que en vida no fueron pro-castristas, como prueba
de que lo que se dice sobre la falta de libertad de expresión
y libertad artística en Cuba es mentira.
La Jiribilla muestra todas las trazas de ser una operación
de guerra psicológica de los servicios de contrainteligencia
castristas. Hay que reconocer, sin embargo, que en ese sentido
han hecho un buen trabajo. Pero Encuentro también muestra
elementos que la hacen un poco sospechosa. En primer lugar, la
primera impresión que uno tiene de Encuentro es que es
un clone de Casa de la Américas. Tanto el formato como
el diseño gráfico conectan a Encuentro en un plano
subliminal con la revista que fue por muchos años el más
efectivo vehículo de difusión ideológica
del castrismo en el campo de la cultura.
Además se publicar trabajos no muy problemáticos
de escritores anticastristas del exilio, Encuentro también
publicó trabajos no muy anticastristas de escritores cubanos
en Cuba. Entre ellos, en su número inicial, Encuentro,
la revista que se jactaba de valorar más el arte y la
literatura que la política, publicó un fragmento
de una excelente obra de ficción de uno de los más
renombrados escritores cubanos de estos tiempos (pp. 18-24).
Su título: Fragmento del informe del Buró Político,
presentado por Raúl Castro, y aprobado en el V Pleno del
Comité Central del Partido Comunista de Cuba, celebrado
en La Habana el 23 de marzo de 1996 (sin comentario).
No sólo eso. Tanto los artículos que aparecen
en Jiribilla como la mayoría de los de Encuentro han sido
escritos usando un léxico especial, el tipo de jerga particular,
el "discurso", que acuñó el castrismo
y que se popularizó en Cuba y América Latina. Por
ejemplo, en ambas publicaciones, el castrismo, esa mezcla de
fascismo jesuítico escondido detrás de una falsa
fachada comunista, casi siempre es tratado de "la revolución".
Solamente confundidos ideológicos, tontos, o mal intencionados,
son capaces de seguir empleando a estas alturas la frase "la
revolución" para referirse al proceso más
contrarrevolucionario y reaccionario que ha tenido lugar en América
Latina. Este uso particular del lenguaje trabaja en un plano
subliminal para contribuir a crear en el lector un estado de
confusión ideológica.
O sea, que el apoliticismo de Encuentro resultó ser,
en la práctica, politicismo comprometido con el régimen
castrista. Lo que Casa de las Américas hizo abiertamente
por muchos años Encuentro lo hacía ahora encubiertamente.
Los tiempos habían cambiado, y los servicios de inteligencia
castristas se adaptaban a las nuevas circunstancias.
Pero las conexiones de Encuentro con el castrismo van más
allá de lo puramente formal o ideológico.
Una de las características de Encuentro ha sido su
habilidad tanto para despolitizar al exilio político cubano
como para obtener los fondos necesarios para su publicación.
Contrariamente a la mayoría de las publicaciones literarias
cubanas en el exilio, que han subsistido precariamente por unos
años para finalmente desaparecer por falta de recursos
(Mariel es un ejemplo que me viene a la mente), Encuentro siempre
contó con fondos abundantes.
Cuando Jesús Díaz decidió lanzar Encuentro
en la Red, la versión electrónica de la revista,
la Fundación Ford aportó $250,000 dólares
al proyecto. En la carta abierta a Monsiváis ya mencionada,
los eficientes "compañeros" de la inteligencia
castrista agazapados tras La Jiribilla acusan a Díaz de
haber recibido fondos de "una fundación norteamericana"
sin mencionar el nombre. Pero lo que mucha gente ignora es que
la Fundación Ford, que fue la que aportó los fondos,
como sus colegas, la Fundación Rockefeller y la Fundación
Carnegie, abren sus abundantes faltriqueras a cuantos quieran
publicar algo sobre las maravillas del castrismo, pero nunca
han dado dinero alguno a una publicación de corte anticastrista.
De modo que Jesús Díaz tuvo el honor no sólo
de ser el único cubano al que el gobierno de Fidel Castro
haya amenazado de muerte, sino también el único
cubano exiliado supuestamente anticastrista al que la Fundación
Ford le haya proporcionado fondos para subvencionar una publicación.
Como dirían los personajes de La soprano calva de Ionesco:
"Qué extraño", "y qué interesante",
"y qué coincidencia."
Otra acusación que ha aparecido repetidamente en La
Jiribilla es que Encuentro es una creación de la CIA en
su lucha encubierta contra la "revolución" fidelista.
Como todos conocemos, Fidel Castro ha acusado a la CIA de cuanto
problema ocurre en Cuba, desde la escasez de guarapo hasta el
desastre de la última zafra (y de todas las anteriores).
Pero si prestamos más atención a lo que tanto Castro
como la CIA hacen, que casi nunca concide con lo que dicen, se
hace evidente que la CIA ha sido siempre la mejor aliada del
tirano. Por ejemplo, la CIA tuvo un papel importante en la traición
a los invasores de Girón y a las guerrillas del Escambray,
que trajo como consecuencia que Castro se consolidara en el poder.
La CIA jugó un papel principal en la muerte del Ché
Guevara, a quien Castro se había propuesto eliminar. Con
todos sus satélites y aviones espías, la CIA se
hizo de la vista gorda hasta que Castro ya había enviado
más de 20,000 soldados a Angola donde, entre otras cosas,
se dedicaron a proteger las refinerías de la Shell en
Cabinda. De modo que no sería descabellado sospechar que
la CIA haya estado detrás de Encuentro, pero no directamente,
como dice La Jiribilla, sino indirectamente, a través
de su amigo Fidel Castro. En el enrevesado mundo de la inteligencia,
la contrainteligencia y el espionaje casi todo es posible --aunque
no siempre probable. Si alguno de mis lectores piensa que exagero
cuando afirmo que la CIA es la mejor aliada de Fidel Castro,
le sugiero que le pregunte a Edén Pastora, a Orlando Bosh,
o a Luis Posada Carriles, quienes por diferentes vías
llegaron a conclusiones similares.
Independientemente de sus reconocidos méritos como
escritor, la trayectoria política de Jesús Díaz
muestra todas las características de un oportunismo de
la peor especie. (Fue el propio Lenin quien dijo que bajo la
piel de todo extremista se ocultaba un oportunista). Si algo
tienen bien desarrollado los oportunistas es el olfato. Al parecer
Díaz se olió que a Fidel Castro le quedaba poco,
y decidió volverse un exiliado anticastrista de verdad,
traicionar a sus compañeros de la inteligencia castrista,
apropiarse de Encuentro y usarla para sus fines personales. A
mediados del 2000 Encuentro da un viraje radical y comienza a
politizarse aún más, pero ahora sí en contra
del castrismo. Es interesante ver que las críticas verdaderamente
virulentas de los órganos de desinformación castristas
hacia Jesús Díaz comienzan precisamente por esa
fecha. Es tan sólo a partir de esa época que la
recién aparecida La Jiribilla comienza un ataque sistemático
contra Jesús Díaz, cuyo plato fuerte consiste en
la publicación de toda la bazofia pro-Castrista que Díaz
publicó durante sus largos años de militancia combativa.
Le sugiero a mis lectores que no visiten el sitio de La Jiribilla
y lean lo que Díaz escribió, so pena de tener que
salir corriendo al baño a vomitar.
Sin embargo, tal parece que en el momento crucial el fino
olfato de oportunista político le falló a Jesús
Díaz. En la entrevista de Lateral que mencioné
anteriormente, Díaz pronunció sin saberlo lo que
tal vez sería su epitafio: "Hay que trabajar como
si Castro ya se hubiera muerto, hay que romper esa obsesión
única y trabajar para un futuro que puede ser mañana".
Pero Fidel Castro no sólo aún no está
muerto, sino que sigue siendo extremadamente peligroso y tiene
largas manos asesinas. Tal vez pensando en asegurar su futuro
político en la Cuba post- Castro, Díaz cometió
el error de cambiar de lealtades, y pasó a atacar al castrismo
en serio. Craso error. Díaz quiso bailar en casa del trompo,
y éso es algo que Fidel Castro no perdona. Al ladrón
de Birán no hay quien le robe. Como muchos que han menospreciado
la capacidad de Castro para la maldad, tal vez Jesús Díaz
haya pagado su error con la vida. Hace unos pocos días
Díaz fue encontrado muerto en su lecho en su casa en Madrid,
al parecer víctima de un ataque al corazón.
Es de todos conocido que Fidel Castro es un experto en las
artes del asesinato político, tanto de sus enemigos como
de sus amigos. (En mi libro The Secret Fidel Castro dedico todo
un capítulo al estudio de esta malvada actividad castrista).
Las largas manos del tirano, en su versión caribeña
del "executive action", han alcanzado a muchos de sus
enemigos fuera del país. Al principio los métodos
eran burdos: el disparo por la espalda o la bomba en el automóvil.
Ahora los métodos son más sutiles: desde lo colocación
de un isótopo radioactivo en el asiento del auto, que
en unos meses provoca el cáncer de la próstata,
hasta la inoculación de varios tipos de enfermedades contagiosas.
A fines de la década de los cincuenta, la KGB desarrolló
una tecnología, simple pero letal, para deshacerse de
traidores y exiliados belicosos. El dispositivo consiste en un
tubo delgado de metal, de unas seis pulgadas de largo, con un
gatillo en el extremo cerrado. Dentro del tubo hay una cápsula
de ácido prúsico (el componente principal del gas
Zyklon B usado por los Nazis en las cámaras de gas), y
un fulminante. El asesino, que con anterioridad ha tomado unas
pastillas de antídoto, apunta el tubo a la cara de la
víctima y oprime el gatillo. La pequeña explosión
vaporiza el ácido, que es inhalado por la persona. La
muerte ocurre en unos pocos segundos y el veneno se disuelve
en unos minutos, sin dejar trazos que aparezcan en una autopsia.
Los síntomas aparentes son los de un paro cardíaco.
Conociendo la cercana colaboración que hubo entre los
servicios de inteligencia soviéticos y castristas, no
es desatinado conjeturar que la KGB haya entrenado a los cubanos
en esta tecnología. Si las conclusiones a las que he llegado
en este artículo son ciertas, no sería de extrañar
que Jesús Díaz haya sido otra víctima más
del asesino Fidel Castro.
Una objeción que pudiera hacerse a mi teoría
es la siguiente: si Carlos Alberto Montaner o Guillermo Cabrera
Infante, tan sólo por mencionar dos de los más
conocidos, han siempre mantenido una postura mucho más
activa y vertical ante el castrismo que Jesús Díaz,
¿por qué asesinar a Díaz y no a ellos? La
respuesta es porque, a los ojos del tirano, Montaner y Cabrera
Infante son tan sólo enemigos, en tanto que Díaz
era un traidor. Esta conclusión se basa en que la propia
KGB, que rara vez asesinó a oficiales de los servicios
de inteligencia enemigos, siempre fue implacable en el castigo
de quienes consideraba traidores. Asesinar al traidor no sólo
proporciona el dulce placer de la venganza, sino que sirve de
advertencia a posibles traidores. Un caso conocido es el de Julio
Antonio Mella, un comunista pro-Moscú que decidió
pasarse al trostkismo y fue asesinado en México por la
NKVD siguiendo órdenes de Stalin.
Personalmente nunca tuve nada en contra, ni a favor, de Jesús
Díaz. Cuando lo conocí, y en las pocas ocasiones
que hablamos después, casi siempre en la Universidad de
La Habana, recuerdo que era (o trataba de aparentar que era)
el típico cubano hablador, simpático e inteligente.
Recuerdo que había desarrollado lo que yo di en llamar
"el estilo 'Cheo' de enseñar filosofía".
Al percatarse de que hablar el idioma español correctamente
había pasado en la Cuba castrista a ser un síntoma
burgués, en sus clases universitarias Díaz explicaba
los más abstrusos conceptos de la filosofía marxista
hablando como un estibador de los muelles. Con el pasar de los
años, después que se convirtió en "funcionario",
me parece que perdió mucho de su frescura y simpatía
inicial. Una foto que hallé en la internet hace unos días
muestra casi al mismo Jesús Díaz que yo conocí
en los años sesenta, pero su ceño ya se ha tornado
hosco, como bien cabe a los funcionarios políticos castristas
en ascenso.
La carrera literaria y política de Jesús Díaz
nunca me interesó mucho. En definitiva la literatura no
es mi campo, y lo único que conozco de su producción
intelectual son sus excelentes cuentos de Los años duros
y el bodrio cinematográfico 55 hermanos. Y lo considero
un bodrio no porque sea un panfleto progagandístico --Leni
Riefenstahl creó panfletos propagandísticos para
los nazis que aún hoy se consideran obras de arte-- sino
porque cuando vi este documental me pareció una melcocha
sensiblera de la peor especie.
Pero no vamos a echarle toda la culpa al muerto, que en paz
descanse. Como dice un dicho norteamericano, hacen falta dos
para bailar un tango. El hecho de que uno de los más extremistas
entre los intelectuales dogmáticos castristas haya pasado
sin transición a dirigir una de las más importantes
publicaciones del exilio cubano, dice mucho de la alta calidad
de los servicios de inteligencia castristas. Dice mucho también
de la inocencia y de la confusión ideológica que
predominan entre los intelectuales en general y entre los intelectuales
cubanos en el exilio en particular. En cuanto Encuentro tomó
algún prestigio, la lista de sus colaboradores se hizo
extraordinariamente larga. Lamentablemente, es muy probable que,
sin proponérselo, con sus colaboraciones le hayan estado
haciendo el juego al tirano. Nadie sabe para quien trabaja.
No obstante, el hecho de nadie sabe para quien trabaja funciona
en ambos sentidos. La CIA no es el único servicio de inteligencia
que planea algo, lo ejecuta, y los resultados son diametralmente
opuestos de lo que esperaban. (Y no estoy pensando en la invasión
de Playa Girón, cuyos resultados coincidieron exactamente
con lo que planearon --como dije anteriormente, en el campo de
la inteligencia y el espionaje las cosas rara vez son lo que
parecen ser). Si bien hay indicios de que Encuentro fue una operación
de desinformación de los servicios de inteligencia castristas,
no es menos cierto que, tal vez por mantener la falsa fachada,
la revista se vio forzada a abrir un espacio que muchos intelectuales
cubanos, dentro y fuera de la Isla, aprovecharon para expresar
sus ideas. Afortunadamente, es posible que con sus colaboraciones
esos intelectuales hayan contribuído a sentar las bases
para una Cuba democrática post-Castro.
En ningún momento ha pasado por mi mente que todos
los autores que han colaborado con Encuentro, o que todos aquellos
que han trabajado en su redacción, hayan sido agentes
del castrismo. La mayoría son intelectuales honestos a
quienes respeto, y algunos de ellos son mis amigos personales.
Si mi teoría es cierta, es muy probable que tan sólo
Jesús Díaz, y tal vez unos pocos de sus colaboradores
más allegados, hayan sido parte del plan. De la misma
forma, es casi seguro que muy pocas personas en el gobierno castrista
conocen de la existencia de Operación Encuentro. Las operaciones
de contrainteligencia se caracterizan por el más absoluto
secreto, pues cualquier indiscreción puede comprometerlas.
La compartimentación y la necesidad de saber (need to
know) son aspectos esenciales de la profesión.
Como todo análisis de inteligencia y espionaje, este
estudio se basa en conjeturas, por ahora imposibles de verificar,
a las que se llega a partir de datos comprobados. Es posible
que algún día, después de la vuelta a la
normalidad en Cuba, aparezcan las pruebas documentales sobre
éste y otros hechos similares. Si esto llegara a suceder,
aunque sinceramente lo dudo, me imagino que muchos nos vamos
a sorprender cuando sepamos de tantos nombres conocidos, tanto
en las filas del anti-castrismo como en las del castrismo, que
aparentaban ser una cosa y en realidad eran otra muy distinta.
|