| Nota preliminar:
Hace ya más de tres semanas que escribí mi artículo
“Carlos Wotzkow, ¿agente castrista?”, y esperaba
que a estas alturas ya Wotzkow hubiese respondido demostrando
con pruebas incontrovertibles que todo lo que alego en ese artículo
es falso. Sin embargo, Wotzkow ha caído en un mutismo inexplicable.
¿Será que el guapetón del barrio se ha acobardado?
¿Será que sus amigos en la seguridad y la inteligencia
castrista están tan ocupados en preparar las maletas que
no han podido hallar mi expediente secreto donde se hallan las
pruebas de mi participación en el asesinato de Kennedy?
¿O será que Wotzkow fue llamado con urgencia a La
Habana para halarle las orejas por su mal trabajo como espía?
Tal parece que, como a su amo Fidel Castro, a ese farsante que
dice llamarse Carlos Wotzkow la historia lo absorberá.
Carlos Wotzkow, el espía
con complejo de culpa
Por Servando González
Copyright © 2007 por Servando González. Todos los
derechos reservados.
En un comentario en una sección del blog “Secretos
de Cuba” dedicada a Carlos Wotzkow, un lector, quien tan
sólo se identifica como “Rolando”, escribió
en relación a mi artículo “Carlos Wotzkow,
¿agente castrista?’:
“Calificar al extremista radical Wojstok [sic] de agente
castrista viene a ser un error tan grave como decir que Fidel
Castro escribe las “Reflexiones”.
Y el peor error es hacerse eco de las diatribas “wojstokianas”.
Porque el señor de apellido eslavo le dispara a todo
lo que se mueve. No tiene blanco preciso ni objetivo que perseguir,
más que hacer fuego con lo que tiene a mano.
Cualquier artículo de Wojstok contiene elementos sólidos
que se resquebrajan y desvanecen al ser introducidos por su
autor en una coctelera de calumnias, epítetos bien o
mal fundamentados, y sobre todo de autosuficiencia.
¿Quién es el único ser humano puro dentro
de nuestra galaxia? ¡Quien iba a ser sino el señor
Carlos Wojkstok! A este parece que le quitaron la teta antes
de tiempo, o le echaron demasiada agua en el biberón.
No es de dudar de que se la edulzaron con acíbar. Es
evidente.
Sólo los alienados reaccionan así, creyéndose
amos de la verdad, nihilistas todo el tiempo, y sobre todo profiriendo
amenazas contra todo aquel que haga alguna observación
que a él, el mejor, no le cuadre en el punto rojo de
su colimador.”
Debo confesar que, aún después de haber leído
el primer libelo en el que Wotzkow me difamaba (“El fundamentalismo
¿inteligente? de Servando González”), yo también
pensé que las razones de sus ataques eran personales, tal
vez motivadas por sus delirios de grandeza. Pero, después
de que leí su segundo libelo (“Servando González
arzobispo de Mazorra”), en el que la virulencia de sus ataques
sobrepasa todos los límites de la decencia, el honor, y
la hombría, tuve la primera sospecha de que sus motivos
tal vez no fuesen personales, sino que tal vez existiera una causa
más profunda. Por tanto, hice lo que hubiese hecho cualquier
otro investigador: comencé a leer con detenimiento sus
artículos publicados en la Internet, y me encontré
con que algunas personas, en uno u otro momento, ya habían
sospechado que Wotzkow era un agente castrista.
El primero en admitirlo es el propio Wotzkow:
“Unos me tildan de agente al servicio de Castro . . .
“ (“Carlos Wotzkow al banquillo de los acusados”)
“Ya antes en Villa Marista me habían preguntado
sobre el paradero de mi uniforme de Ranger, porque un tipo que
se había hecho piloto deportivo, buzo, y tenía
conocimientos de alpinismo no podía trabajar con norteamericanos
mirando pajaritos. Por lo menos un aprendiz de espía
debía ser.” (Carlos Wotzkow, “Propaganda
castrista: modo de empleo”)
“Hace unos días los super-reporteros de Miami
hablaban de que el piloto Orestes Lorenzo había regresado
en un avión a Cuba y estaba hablando junto a su familia
en una mesa redonda. Incluso llegaron a llamar a su casa para
ver si era cierto. Y claro, Orestes y yo nos depachurrabamos
de la risa con tanto imbécil asalariado y por ello, me
decidí a hacer un experimento. Llamé por teléfono
a 10 amigos que saben que yo conozco a Orestes. Les conté
con asombro y rabia que Orestes era un espía y que había
regresado a Cuba, les conté lo mal que me sentía
y 8 se creyeron la historia. Pero atención, 4, me preguntaron
si yo estaba en algo. O sea, si no era acaso otro espía.”
(Carlos Wotzkow, “Ediciones Revolucionarias”)
“En Miami, algunos pudieron haber pensado que les enviaban
otro espía, al antiguo alumno de pilotaje de René
González preparado para la revancha. (Carlos Wotzkow,
“El amor a volar y ser libres”)
Pero, aparte de Wotzkow, existen también otras fuentes
independientes:
“Le agradezco le haga saber a el ¿columnista?
Carlos Wotzkow de su diario, que por las mismas razones que
él no confía en los disidentes cubanos, yo no
confío en él.” (Dr. Raúl Fernández
Rivero, Caracas. Venezuela)
Por supuesto que, tal como afirma el Dr. Rivero, existen sobrados
motivos para no confiar en Wotzkow. Por ejemplo, segús
su propias palabras,
“In 1982, a group of 25 researchers were fired by Castro
for refusing in participate in such an immoral project. I (Wotzkow)
was part of that group. As a result of our refusal, we all received
an alert that the Security Department (G-2) of the regime established
dossiers against us because we were declared to be "not
politically trustworthy."
Because I was thus considered an "Enemy of the Revolution,"
as well as for other reasons, I had to flee Cuba. I now live
in exile in Switzerland. (Carlos Wotzkow, “ICBMs* in Cuba:
Today's Threat”)
What I am saying is that based on my firsthand experience working
at the Zoology Institute (from December 1979 until I was fired
in March of 1982 for refusing to continue working on Castro's
pet project about migratory birds), as well as that of my colleagues
at the Frente Biologico, and my observations inside Cuba until
my defection in 1992 to Switzerland, everything points in that
direction. (Carlos Wotzkow et al., “West Nile Virus: Bioweapon
or Divine Punishment?”)
Pero hay algo que no encaja con lo anterior:
“ Como usted sabe, yo formé durante 5 años
parte del equipo que se encargaba de la seguridad aeronáutica
en el Instituto de Aviación Civil de Cuba.” …
“Como ya lo he dicho, fuimos 25 los que preferimos el
desempleo y un expediente de la seguridad del estado que nos
vetaba de por vida al no ser políticamente confiables,
antes que participar en aquel proyecto. “ (CARLOS WOTZKOW
y su experiencia en Cuba Entrevista (resumida) con Eduardo Prida,
ex oficial del Buró de Investigaciones Científicas
de la DAAFAR. de CARLOS WOTZKOW)
Es algo difícil de entender cómo una persona que,
según afirma, ha sido expulsada de su trabajo por negarse
a trabajar en un proyecto secreto de guerra bacteriológica,
y que por ello ha sido declarado no confiable y enemigo del estado,
luego forme parte de un equipo a cargo de la seguridad aeronáutica
de Cuba.En “Bretes, chismes y espías”, un artículo
publicado el 13 de Abril del 2006 Luis Cino (un periodista independiente
residente en Cuba, quien, como veremos más adelante, al
parecer es un buen amigo de Wotzkow) explica que,
“Se calcula que el gobierno cubano mantiene alrededor
de 400 agentes de todo tipo en los Estados Unidos. Amén
de los menos obvios.
Los apologistas de la Revolución de Fidel Castro no están
sólo en el Granma o la Mesa Redonda. Ni todos los intelectuales
orgánicos del régimen están en los rediles
de la UNEAC. Andan salteados y saltarines, por toda la diáspora,
Miami incluido.
Los agentes del Departamento 14 también. A veces no espían,
en el sentido estricto de la palabra. Se limitan a crear bretes,
intrigas y chismes. Los cubanos, de aquí y de allá,
desmesurados como somos, hacemos el resto.
No tiene por qué extrañarse cierto sector del
exilio con los desencuentros de la oposición cubana.
Por allá, también cuecen habas. Los instigadores
de intolerancias y querellas, en La Habana o Miami, son los
mismos. Todo está detallado en un mismo guión
perverso.”
Es posible que Cino no haya tenido en mente a su amigo Wotzkow
cuando escribió este artículo, sin embargo, lo describió
con lujo de detalles. Si hay un cubano en el exilio que se ha
dedicado sistemáticamente a crear bretes, intrigas y chismes,
y que ha sido un contínuo instigador de intolerancias y
querellas ése es Cartlos Wotzkow.Para finalizar voy a citar
algo realmente enigmático, que escapa a mi entendimiento.
En un artículo que escribió sobre Luis Cino, Wotzkow
revela que,
“Él [Luis Cino], no hace mucho, en uno de sus
comentarios de amigo, me recuerda con mis fusiles al hombro
allá por el Aeropuerto, sin siquiera saber que aquellos
fusiles fueron los que me llevaron de visita a Villa Marista
el mismo día en que Fidel Castro y yo coincidimos (por
azar) en un mismo lugar, y yo era él único que
iba armado.” (Carlos Wotzkow, “Un brindis por Luis
Cino”)
Sin embargo, en su biografía que aparece en Guaracabuya,
Wotzkow afirma que:
“Después de haber sido expulsado del Instituto,
Wotzkow hace “dos aleccionadoras visitas a los calabozos
de Villa Marista (Cuartel General de la Policía Política
del Régimen) (Carlos Wotzkow, Biografía Abreviada,
Guaracabuya).
O sea, que Wotzkow ofrece dos versiones distintas de los motivos
por los que fue detenido e interrogado en Villa Marista. Pero,
independientemente de cuál haya sido el motivo real, si
es que hay alguna realidad en ambas historias, la versión
de los fusiles es altamente dudosa – a no ser que Wotzkow
no esté dando la versión completa del incidente.
Es bien sabido que, con excepción de los miembros de su
escolta personal, muy pocas personas -- cuya lista incluye a su
hermano Raúl y a unos pocos de los “comandantes históricos”
--, nadie puede estar armado en la cercanía de Fidel Castro.
Los pocos que han cometido el error de hacerlo lo han pagado con
sus vidas. De modo que, repito, esto es algo verdaderamente enigmático.Como
expliqué en mi artículo “Carlos Wotzkow, ¿agente
castrista?”, aunque basados en datos comprobables, el hecho
de que Wotzkow sea o no sea un agente castrista es, al menos por
estos momentos, imposible de verificar, y es un típico
ejemplo de culpabilidad basada en evidencia circunstancial. Sin
embargo, tan sólo por aquello de que “el que calla
otorga”, el mutismo de Wotzkow después de mis serias
acusaciones parece indicar que no ha logrado hallar pruebas que
lo exoneren.
No obstante, aconsejo a los lectores que apliquen a este caso
la misma filosofía que aconseja Worzkow en uno de sus artículos:
“Lo aprendí de los medios de inteligencia: “todo
es posible”. Lo tomé de Quevedo: “casi siempre
pensando lo peor se acierta” (Carlos Wotzkow, “Carlos
Wotzkow al banquillo de los acusados”)
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