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De poetas portugueses y malas palabras

Por Servando González
(05/14/2008)


Hace algunas semanas, en una casona del Vedado robada a sus legítimos dueños, se reunió para celebrar su séptimo congreso un grupo de intelectuales miembros de una organización estatal de escritores y artistas creada por un gobierno ilegítimo. Como la tarea esencial de alguien que se considere a sí mismo un intelectual es pensar, me imagino que a algunos de los asistentes les haya pasado por la mente que su actitud en los pasados años, incluyendo la pertenencia a esta institución, ha contribuido a legitimizar ese régimen que ha sumido a Cuba y su pueblo en la más abyecta miseria moral y material durante casi medio siglo.

Tampoco creo que esos intelectuales ignoren que, con su apoyo, han contribuido a mantener en el poder a ese régimen anti-intelectual que nunca ha dejado de hostigar a los intelectuales y aún mantiene en prisión a algunos de ellos. “Contemplar en calma un crimen, es cometerlo.”

¿Cuál fue el motivo central de las discusiones del congreso? Según lo que se ha filtrado al exterior, fue un esfuerzo más en rogarle al dictador totalitario que conceda alguna libertad intelectual en el país. Los enanos morales que asistieron a la reunión al parecer ignoran lo que un intelectual cubano dijo hace más de un siglo: “La libertad se conquista con el filo del machete, no se pide. Mendigar derechos es propio de cobardes incapaces de defenderlos.”

Esta organización arrastra su pecado original. Fue fundada como resultado de un discurso del dictador, que a posteriori fue titulado “Palabras a los intelectuales”. Traducido a buen romance, el lema primordial del discurso significa: “Les concedo la libertad total de hablar y escribir de todo lo que quieran, excepto criticar lo que digo o no digo, o lo que hago o no hago.” La misma idea ya alguien la había expresado más crudamente: “Cuando oigo hablar de cultura, echo mano a la pistola.”

Los miembros actuales de esa organización son los herederos de una tradición anti-intelectual iniciada por los que se plegaron después del discurso a la voluntad del dictador. Paradójicamente, fue el que muchos consideraban como el más cobarde de todos los intelectuales cubanos el único que tuvo la valentía de alzar su tímida voz para cuestionar las palabras del dictador con su ya clásico: "Yo quiero decir que tengo mucho miedo. No sé por qué tengo ese miedo pero es eso todo lo que tengo que decir”. No pasó mucho tiempo antes de que descubriera por experiencia propia que su miedo tenía una poderosa razón de ser.

Según información publicada en la prensa oficial, el séptimo congreso confirmó la militancia de la intelectualidad cubana servil con el proyecto robolucionario. Como epítome del servilismo cobarde, los delegados, después de escuchar una larga perorata enumerando los méritos (anti-) intelectuales del tirano, lo eligieron por unanimidad como miembro emérito de su organización.

Poco después de terminada la reunión de los pigmeos morales, algunos de sus correlatos en el exilio se apresuraron a enviar sus mensajes de aprobación al cabildeo. Una de ellas, cuya misiva me hizo recordar la famosa anécdota de Lezama sobre los poetas portugueses tomadores de oporto, menciona en su babosa retórica la “Revolución” (así, con R mayúscula). ¿Se referiría por casualidad a la robolución sociolista? Luego se admiró de que su mensaje había sido publicado en el sitio web de la susodicha organización, “sin quitarle ni una coma”. En su miopía ética, la autora del mensaje tal vez piense que, con su actitud, ya se ha ganado el honor de pertenecer a esta organización en la Cuba que se avecina después de la muerte del tirano.

No es de asombrarse que esa organización haya publicado en su sitio web esta “Carta a los intelectuales cubanos” llena de mentiras y sandeces. Si algo caracteriza este sitio web es la profusión de mentiras que en él se publican. Entre ellas, tal vez la mayor sea que es el sitio web de una organización “no gubernamental”. Es obvio que el dictador los casó con la mentira y los obligó a vivir con ella hasta que, finalmente, le tomaron el gusto.

Sin embargo, no me sorprendería que los banqueros de Wall Street y sus amigos de las transnacionales petroleras ordenaran a sus títeres en el gobierno norteamericano que envíen los marines a la Isla para apuntalar el régimen tambaleante y perpetuar la tiranía sostenible que sueñan con mantener en Cuba. Pero, pase lo que pase, no creo que la susodicha organización de escritores y artistas, aunque sus miembros afirmen que la robolución es irreversible, permanezca inmune a los inevitables cambios que se avecinan.

En primer lugar, porque con la desaparición física del dictador, y la inevitable caída del régimen totalitario en Cuba las organizaciones ilegítimas que éste creó como pantalla para ocultar al mundo su verdadera faz también desaparecerán. Ya las ratas con buen olfato han comenzado a escapar hacia Chile del buque que amenaza con naufragar. La primera que lo hizo fue un cantante que, después de descubrir que la era no había parido un corazón, sino a Papito y a Pavón, decidió dedicarse a acumular millones.

En segundo lugar, porque los intelectuales del mundo nunca han necesitado de organizaciones gubernamentales que los representen. Crear, y en particular escribir, es un vicio solitario que se beneficia del aislamiento, no de la socialización. No creo que en la Cuba pre-robolucionaria muchos intelectuales y artistas sintieran la necesidad de sumarse a organizaciones estatales que los representaran.

Tradicionalmente en Cuba los músicos tenían sus sindicatos que luchaban por proteger sus derechos como trabajadores. No recuerdo que hubiese sindicatos o asociaciones de escritores con esos fines, aunque tal vez no sea una mala idea. Pero sólo a alguien cuyo oportunismo lo ciegue hasta el punto de no tener fe en el futuro de una patria libre y soberana se le ocurre pensar que subsistan organizaciones ilegítimas como esta en la Cuba que se avizora.

Y, ¿qué será de estos escritores y artistas cubanos que eligieron al tirano como miembro emérito de su ilegítima organización en una reedición corregida y aumentada del Segundo Asalto al Palacio Presidencial? Como a Adolfo y a su admirador secreto Alex, la Historia los absorberá.
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Servando González es un escritor norteamericano nacido en Cuba. Entre sus libros publicados están Observando, Historia herética de la revolución fidelista, The Secret Fidel Castro: Deconstructing the Symbol, The Nuclear Deception: Nikita Khrushchev and the Cuban Missile Crisis y La madre de todas las conspiraciones: una novela de ideas subversivas. También es autor de los multimedia Hypertext for Beginners, Popol Vuh: An Interactive Educational Game, The Riddle of the Swastika: A Study in Symbolism, y otros. El primer documental en DVD de la serie TruthLies with Servando Gonzalez, Treason in America: The Council on Foreign Relations, acaba de ser publicado y puede ser adquirido en Amazon.com. El segundo, Partners in Treason: The CFR-CIA-Castro Connection, aparecerá a medianos de junio. Una introducción general a la serie TruthLies puede ser vista en Google Video.

Para leer más artículos de Servando González, visite su sitio web en www.servandogonzalez.org------------

 

 

 
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